En el contexto de la guerra entre la coalición formada por EEUU e Israel contra el régimen islamista chií iraní de los ayatolás, iniciada el pasado 28 de febrero, Israel está respondiendo a los ataques de la guerrilla terrorista chií y proiraní Hezbolá, que se dedica a lanzar cohetes a los judíos desde el Líbano.
Es decir, que Israel sigue realizando operaciones militares en el Líbano contra Hezbolá. Y ha llegado a pedir a los habitantes de los suburbios del sur de Beirut (zona de Dahieh) que “salven sus vidas y evacúen de inmediato” ante sus ataques inminentes.
Ya lo avisó la semana pasada el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, que amenazó con tomar parte del territorio libanés si Hezbolá sigue atacando el norte de Israel: “Advertí al presidente del Líbano [Joseph Aaoun] de que si el Gobierno libanés no sabe cómo controlar el territorio y evitar que Hezbolá amenace las comunidades del norte y dispare hacia Israel, tomaremos el territorio y lo haremos nosotros mismos”.
Y es lo que ya están haciendo los militares israelíes, que ya han entrado en sur del Líbano, en teoría para atacar a Hezbolá. Y también están bombardeando sus posiciones: en el último bombardeo han fallecido diez personas.
“Tropas de la 91.ª División de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han iniciado operaciones terrestres limitadas y selectivas contra bastiones clave de Hizbolá en el sur del Líbano, con el objetivo de reforzar la defensa avanzada”, recoge un comunicado del ejército judío.
El problema es que los terroristas islamistas de Hezbolá, cobardemente, se esconden detrás de la población civil, que en este caso es en su mayoría cristiana.
En consecuencia, los cristianos son los que, en el Líbano, están sufriendo los efectos de esta guerra de religiones en la que la única religión que no cuenta con ejército es, precisamente, el cristianismo...
¿Quiénes van a ser, entonces, los peor parados?
Y eso que muchos de ellos, con valentía, se niegan a abandonar sus hogares...











