Esta semana la Piazza del Popolo ha sido el escenario de una de las mayores reivindicaciones que ha visto Roma en los últimos años. Doscientas sillas de ruedas vacías, a las que se ataron cuerdas con globos rojos, colocadas por la asociación ProVita & Famiglia, como parte de la campaña: “Non mi uccidere” (“No me mates”), que busca parar el proyecto de ley que pretende despenalizar la eutanasia. 

La iniciativa buscaba denunciar visualmente de modo contundente lo que la organización considera una “deriva eutanásica” en Italia. En la actualidad, la Ley italiana penaliza la eutanasia con penas de entre seis y 15 años de cárcel, según el artículo 579 del Código Penal. Sin embargo, el Tribunal Constitucional matizó en parte la legislación y aprobó que no será castigado quien mate a “un paciente que se mantenga vivo gracias a tratamientos de soporte vital y sufra una patología irreversible”. 

Tres años después, en 2022, la Cámara de Diputados aprobó un royecto de ley que regulaba la potestad de un paciente de pedir asistencia médica para morir con base en determinadas condiciones, como por ejemplo que sea mayor de edad o que sufra una patología irreversible. En estos tres años la propuesta sigue debatiéndose en el Senado. 

Según los organizadores, las doscientas sillas vacías representan a los enfermos, discapacitados, ancianos y personas vulnerables que “piden al Parlamento más cuidados, más derechos, más dignidad, pero se ven enfrentados a cínicas vías rápidas hacia la muerte”. 

Los cuidados paliativos alcanzan “sólo al 33% de quienes tienen derecho a ellos”, según datos que maneja la organización, “con regiones italianas donde la cobertura desciende incluso al 4 o 5%”.

Como decimos, la cultura de la muerte se expande por el continente a gran velocidad, aborto y eutanasia parecen el binomio perfecto del progresismo. Hace unos meses la Francia de Macron daba el primer paso para aprobar la ley de eutanasia, aunque no se dirá eutanasia, porque tiene connotaciones negativas. Así, se incorporaba al club del progresismo, ese selecto grupo de ocho países europeos que regulan la eutanasia, entre los que España es socio VIP. 

Ahora es Italia la que da los pasos. A la Ley que se discute hay que sumar que Toscana y Cerdeña aprobaron leyes eutanásicas. La legalización a nivel estatal parece completamente parada gracias a Meloni y su Gobierno, que incluso impugnaron la leyes regionales de Toscana y Cerdeña, que buscaban poner fin al 'vacío legal', algo a lo que la primer ministro italiana se niega en rotundo.