Llevo más de 40 años de profesión periodística y no recuerdo un ejercicio de cinismo como el exhibido en la noche del lunes 29 de abril, en RTVE, con motivo de la primera entrevista de Pedro Sánchez, tras su espirituoso retiro de 5 días en La Moncloa.

Cinismo, no sólo del presdiente del Gobierno sino también del periodista Javier Fortes, de toda la confianza de Moncloa y de Marta Carazo, algo más profesional, que incluso se atrevió a incoar una pregunta sobre el origen de todo el actual embrollo: el presunto tráfico de influencias de la señora de Sánchez, doña Begoña Gómez.

Cuando Carazo le pidió que fuera algo más concreto y sin mencionar el nombre de la esposa del presidente, se atrevió a incoar el caso Begoña Gómez, Sánchez, con una mueca asesina, le pidió que le permitiera acabar el "argumento" y naturalmente no contestó. Carazo no se atrevió a insistir y Fortes acudió al quite y cambió de asunto.

Esto es: Sánchez no admite ni al juez que se atreve, no ya a condenar sino a juzgarle a él o a su esposa... ni al periodista que se atreve a criticarle a él, a su esposa o a su causa.

Empecemos por el final: Pedro Sánchez es un personaje capaz de todo. Muy eficaz su técnica contra el adversario, que siempre es la misma: dime de qué acusas y te diré de que adoleces. Según él, las comunidades autónomas de PP y Vox están financiando a las páginas web hacedoras de bulos -no les llama prensa, claro está-. Es decir, que es la ultraderecha, Feijóo y Abascal, quienes financian esas "páginas web" que atentan contra el periodismo realmente independiente. O sea, el de PRISA y RTVE.

 

Y habla Sánchez de pseudoperiodismo, un término que he visto emplear por primera vez, precisamente al tiralevitas de La Moncloa que tenía enfrente como entrevistador: Javier Fortes. Ya saben: yo digo quién es periodista y quién se dedica al 'pseudoperiodismo' y, por tanto, debe ser aniquilado por esparcir el odio.

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Sí, es muy grave lo que se nos viene encima porque Sánchez es capaz de todo. Y sí, tal y como preconizamos, tras su advertencia de que seguiría en la Presidencia (algunos nunca lo hemos dudado) pretende un "cambio de régimen": su modelo es Nicolás Maduro.

Fue, en efecto, la entrevista de la vergüenza. Un cómplice. Javier Fortes, y una Marta Carazo que no se atrevió a enfrentarse al bolivariano. España se parece cada día más a Venezuela.

Y lo más curioso es lo antedicho: que en una entrevista periodística, Sánchez amenazó a la prensa, a todo aquel periodista discrepante que se atreva a cumplir con su deber de contrapoder. Y mucho me temo que serán los propios periodistas quienes expulsarán de su seno a "los creadores de bulos y desinformación".

A todo esto siempre se le ha llamado censura pero ahora es más grave que la censura de Franco, que sólo cambiaba titulares: ahora se trata de aniquilar al periodista crítico y acusarle de sembrar bulos y de, ojo, sembrar el odio (según el Código Penal, cuatro años de cárcel). Y se trata, también, de que el resto de la prensa aplauda.

Un detalle, habló Sánchez de páginas web financiadas por las comunidades autónomas de derechas y ultraderecha. ¿Cuáles?

El verdugo ya está actuando pero sigue considerándose la víctima. Por de pronto, víctima de los bulos que no son otra cosa que aquellos que se atrevan a meterse con Sánchez

En cualquier caso, el presidente ya no habla de diarios electrónicos sino de "digitales".

Y mucho cuidado: "Estoy dispuesto a liderar la regeneración" contra el bulo pero no a protagonizarla: tiene que ser toda la sociedad... la que silencie al que se atreva a poner en solfa a mí o a mi señora.

Es decir, primero se liquida a la prensa libre. En paralelo a los jueces, que ya está avanzada la cosa.

Finalmente, se liquida a la oposición. Y todo esto no lo hace el poder, noooooo, lo hace el mismo pueblo que pondrá en su sitio a los jueces que se atrevan a poner en solfa a don Pedro Sánchez y a doña Begoña Gómez, y a toda voz discrepante respecto el Sanchismo.

Los cinco días de libranza de Sánchez han resultado una tragicomedia pero lo que viene ahora es una tragedia: el camino hacia el totalitarismo y el pensamiento único está abierto. Caminamos todos hacia él por la senda del progresismo sanchista. El verdugo ya está actuando pero sigue considerándose la víctima. Por de pronto, víctima de los bulos que no son otra cosa que aquellos que se atrevan a meterse con Sánchez.