Desde que se conociera el auto del juez José Luis Calama, el lunes 18, media España y toda Europa -que poco nos conocen- esperaba, no la dimisión de Zapatero, que como buen ex disfruta de prebendas pero no tiene de dónde dimitir, sino del actual presidente del gobierno, Pedro Sánchez. 

Sin embargo, no ha sido así: Sánchez no tiene ni principios ni límites y no sólo no está dispuesto a pasar por demonio: quiere pasar por santo.

Pero hay algo más: la reacción del Gobierno acrecienta las sospechas sobre el auto del juez Calama, el amigo personal de Fernando Grande-Marlaska y el juez que, con sus fallos, le ha prestado grandes servicios al Ejecutivo. No digo con intención pero sí con su acción. Por ejemplo, él fue quien bloqueó la causa penal del vergonzoso apagón de abril de 2025 o, antes, el caso Pegasus, el mayor escándalo de escuchas telefónicas, cuyo origen nos lleva tecnológicamente a Israel y políticamente, cómo no, al principal enemigo de España: nuestros 'amigos' de Rabat.

Calama actúa forzado por las fiscalías suiza, francesa y norteamericana. Todos ultras, como ustedes se pueden imaginar

La respuesta del Ejecutivo al auto del magistrado de la Audiencia Nacional refuerza las sospechas. En la sesión de control al Gobierno del miércoles 20 quedó claro que el Gobierno responde al varapalo ZP con dos consignas, mentirosa la una, cínica la otra: "El auto es serio pero no acredita nada” (Bolaños) y un segundo, que se resume así: "Respeto a la justicia pero confianza en Zapatero” (Sánchez). 

 

 

 

Es decir, el Sanchismo juega a la contradicción creativa: ¿Cómo se puede alabar el auto incriminatorio y, al mismo tiempo, decir que no demuestra nada? Además, un auto no tiene que demostrar nada, una sentencia, sí. 

Sánchez también juega al mutuo auxilio entre la España Roja y la España rota: sus socios de investidura -España roja y España rota- del Gobierno dicen que lo ocurrido resulta terrible, ¡oh sí!, pero hay que hay que esperar a que hablen los tribunales (cuando pasen las elecciones) y está claro que el cristófobo ZP nos es muy querido. 

Todo ello, insisto, alimenta la sospecha de que este escándalo no es más que el escenario necesario para que se demuestre la 'inocencia' de ZP y el Sanchismo resurja, no como la pieza corrompida que es sino como la víctima de las calumnias de la derecha, que es la única que se corrompe en España. 

Por cierto, RTVE, la voz de su amo, Moncloa, insiste en que todo esto empezó por una denuncia de la "ultraderechista" Manos Limpias. No es así: la denuncia de Manos Limpias fue archivadas. 

Calama actúa forzado por las fiscalías suiza y francesa y por la presión norteamericana, todos ultras, como ustedes se pueden imaginar. Por eso, Calama no ha podido dar marcha atrás, aunque podrá darla, siempre que en la instrucción los indicios no se convierta en pruebas irrefutables. 

Ahí estamos. En todo caso, la reacción del Gobierno acrecienta las sospechas sobre el auto del juez Calama, que a lo peor no resulta en contra sino a favor del Gobierno.