
No sé si recuerdan ustedes el viejo chiste del chuleta madrileño que sube a un autobús y cuando éste arranca, permanece de pie, sin agarrarse. Una viejecita le advierte: "joven que se va a caer", pero él la mira con desprecio. A punto está de irse al suelo cuando el autobús da una curva y la ancianita le vuelvo a amonestar, pero él ni le responde. Cuando el conductor enfila un cambio de rasante y el joven se despatarra por el suelo, la viejecita exclama: "Ya le advertí que se iba a caer si no se agarraba". Entonces, el susodicho se levanta, se sacude el polvo, se aproxima a la viejecita y le espeta:
-Señora, el Pichi no se cae, se tira.
Algo parecido ocurre con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Su esposa imputada, su hermano con un horizonte aún más negro que el de su esposa, todos sus ministros sospechosos de abuso de poder (justo de lo que él mismo acaba de acusar al Supremo) ambos por aprovechar su parentesco para hacer lo que, de otro modo, nadie les hubiera permitido hacer, su partido convertido en un patio de monipodio, la fontanera Leire Díez, arquetipo del intelectual orgánico del PSOE, en el banquillo y su fiscal general del Estado condenado por el Tribunal Supremo... pero Pichi no se cae, así que todos estamso esperando a que se tire.
Sánchez no se enfrenta a la pérdida del poder: se enfrenta a un horizonte penal que le puede llevar, o bien a la cárcel, o bien a su huída al extranjero, a repetir el fenómeno Bettino Craxi
España vive en la parálisis y un país sólo pendiente de si Pedro Sánchez se marcha o se queda, resulta, cómo diría, un país imposible y me temo que un país poco agradable. Además, es una tontuna, porque la respuesta al enigma es sencilla: Sánchez no se va, a Sánchez se le echa.
Entre otras cosas, porque el Sanchismo vive en agonía permanente desde las últimas elecciones de julio del 23, y especialmente durante todo este año 2025. Ya han visto lo que ha sucedido con la condena del fiscal general del Estado. La respuesta de Moncloa, incapaz de la menor humillación, es que el Tribunal Supremo es fascista. Y a otra cosa, mariposa.
Y si bien es cierto que el Sanchismo agoniza, su agonía puede ser histérica, lenta y homicida. Entre otras cosas porque Sánchez no se enfrenta a la pérdida del poder: se enfrenta a un horizonte penal que le puede llevar, o bien a la cárcel o bien a su huída al extranjero, a repetir el fenómeno Bettino Craxi, un nombre cada vez más escuchado en el PSOE de Felipe González.
Al menos, empresarios e intelectuales deberían tomar decisiones sin esperar a un cambio en Moncloa... y deberían ser menos cobardes a la hora de manifestarse sobre la gran mentira del Sanchismo. Por ejemplo, sobre el tópico de que la economía española va bien
Ahora bien, todo esto esto no justifica la pasividad medrosa que reina en España. Al menos, empresarios e intelectuales deberían tomar decisiones sin esperar a un cambio en Moncloa... y deberían ser menos cobardes a la hora de manifestarse sobre la gran mentira del Sanchismo. Por ejemplo, sobre el tópico de que la economía española va bien. Ellos saben que cada día que pasa somos más pobres y que la economía progresista no es más que más subvenciones públicas, más vagos, más deuda.











