Sr. Director:
En este inicio del Siglo XXI en pleno centenario (2026) de los trescientos años de la canonización de san Juan de la Crus y de los cien de su proclamación como Doctor de la Iglesia Católica. San Juan de la Cruz camina por nuestro tiempo postmoderno y líquido, sin relatos de sentido y esperanza. La actualidad de su persona y su obra se verifican por las numerosas personas que las analizan: poetas, psicólogos, psicoanalistas teólogos filósofos, incluso incrédulos y ateos marxistas se acercan al doctor de la NOCHE y de las nadas para superar su propio nihilismo existencial. Juan de Yepes es el poeta más analizado y estudiado.
Una de las personalidades más brillantes de la postmodernidad, San Juan Pablo II, lo descubrió cuando era un adolescente en su Polonia natal, gracias a un sastre, quien le hablaba de la poesía de san Juan y de las de los Padres Carmelitas. El adolescente quedó intrigado por aquel sastre y quiso conocer quién era aquel poeta tan interesante. Por eso, siendo un joven seminarista estudiante en la Universidad Gregoriana de los PP. Dominicos en Roma, fue cuando conoció más la obra del santo. Y eligió como tema de su tesis doctoral la FE SEGÚN SAN JUAN DE LA CRUZ, tema al que dedicó esfuerzo y dedicación. El joven doctorando quería demostrar que, desde la fe revelada y creída, se podían entender aquellos versos de El Cántico Espiritual, Llama de amor Viva y Noche Oscura, los cuales interpretados literal y solo simbólicamente más parecían dislates, que dichos puestos en razón, como afirmaba el propio autor Juan de la Cruz. Error en el que han caído muchos estudiosos, al ver en ellos solo un erotismo paganizante de amor profano.
Con motivo del IV de la muerte de San Juan de la Cruz, escribió san Juan Pablo II: “Yo mismo me he sentido atraído por la experiencia y enseñanza del Santo de Fontiveros. Desde los primeros años de mi formación sacerdotal encontré en él un guía seguro en los senderos de la fe. Este aspecto de su doctrina me pareció de vital importancia para todo el que se acerque a su persona y a su obra, particularmente en época como la nuestra exploradora de nuevos caminos, pero también expuesta a los graves riesgo de la incredulidad en el ámbito de la FE. Su ejemplo es ideal de vida; sus escritos son un tesoro que compartir cuando se busca el rostro de Dios; su doctrina es también palabra actual en especial para España su Patria cuyas letras y nombre honra con su magisterio universal como Doctor de la Iglesia Católica.










