José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores toma a los españoles por idiotas: dice que le ha preguntado al ministro marroquí de Exteriores si ellos estaban detrás de la invasión del 30 de julio y que le respondió que no. ¡Qué cosas!, todos pensábamos que el ministro de Exteriores marroquí le iba a responder que sí, que reconocía que el Reino de Marruecos fue le que lanzó a más de 70.000 civiles contra España. Y miren por dónde, el titular de Exteriores de 'Mojamé', de nombre Nasser Bourita, le respondió que ¡por supuesto que no!, que ellos no tenían nada que ver con semejante desafuero: ¡Vamos, hombre!
Simplemente, 70.000 personas se pusieron de acuerdo por móvil y a todos les dio la ventolera y violaron la frontera española.
Albares es capaz de decir eso sin despeinarse, porque lo cierto es que las relaciones entre el Gobierno español y el marroquí van por otra vía. Una vez que Sánchez no ha optado por lo que le pedía, hasta Bruselas, es decir, expulsar a todos los que entraron, lo que ha hecho el gobierno socialista es suplicar a Marruecos que antes de que termine la recolocación de adultos y menores, el embolado de los 70.000, Rabat no lance otra entra masiva.
Pero ojo, el chantajista vuelve a ganar. A cambio de tan benévola actitud, España se desarma: no militarizará Ceuta y Melilla y no aplicará represalias comerciales. Por ejemplo, la energía de Marruecos viene de España. Podría amenazar con dejar a Marruecos a oscuras si Mojamé no se comporta decentemente.
En otras palabras, el chantaje continúa y el chantajeado (Sánchez) no se atreve a enfrentarse al chantajista (Mojamé).
¿Cómo es posible que Sánchez ceda tanto? Nadie lo sabe.