Decíamos la pasada semana que el Mundial empezaba fuerte con el ridículo de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, que ha comunicado que no irá a ningún partido, por feminista e indigenista, regalando su entrada a una joven indígena, para reivindicar el papel de la mujer en el deporte. 

Y en este comienzo de Mundial no podemos olvidar una información que conocimos a principios de año, cuando la FIFA estaba en plena organización de los partidos. 

Julio, como saben, es el mes del Orgullo, por lo que la FIFA quería dedicar un encuentro en el partido del Orgullo, destinado a celebrar y defender los derechos LGTBIQ+. El Mundial se celebra del 11 de junio al 19 de julio, y querían que el partido del Orgullo fuera el del 26 de junio en el Lumen Field de Seattle. Y es que Seattle, una de las sedes organizadoras, siempre ha sido abanderada de todo lo progresista: celebración del Orgullo desde el año 1974, de las primeras en permitir el matrimonio y en desarrollar leyes contra la discriminación y en protección de los trans.

Como les contamos en Hispanidad, llegó el sorteo y ese día los lumbreras vieron que este honor iba a recaer en el partido Egipto-Irán, cuando, tanto Egipto como Irán, condenan y persiguen la homosexualidad.

Y claro, ambas federaciones se negaron. Hay que tener en cuenta que en Irán, el Código Penal tipifica como delito la homosexualidad, y la castiga con latigazos y pena de muerte. En Egipto tienen leyes de "buenas costumbres", que contemplan penas de cárcel, multas o trabajos forzados. 

El comité organizador de la Marcha del Orgullo de Seattle dijo que seguiría adelante, la FIFA no se ha pronunciado, y sigue sin hacerlo, pero claro, en la FIFA son progresistas hasta que se les toca el bolsillo. Solo hay que recordar su anterior ridículo, cuando amenazaron con multas a las federaciones que portaran el brazalete arcoíris, porque el Mundial era en Catar.

Por su lado, la Federación Egipcia de Fútbol (EFA) envió una carta a la FIFA para instarles a impedir cualquier actividad relacionada con la comunidad LGTBI porque tales actos "contradicen directamente los valores culturales, religiosos y sociales de la región, en particular en las sociedades árabes e islámicas". 

El caso es que el asunto sigue sin resolverse, el partido y que ambos equipos lo jueguen sigue en el aire, pero lo que sí sigue vigente y claro es la Regla 4 del Juego, que establece: “No se permiten eslóganes, declaraciones o imágenes políticas, religiosas o personales”. Por ejemplo, las camisetas y pantalones no pueden contener mensajes ni gráficos de índole religiosa. Es más, los jugadores "no pueden mostrar camisetas interiores con frases o símbolos religiosos al quitarse o levantarse la camiseta. Esto incluye celebraciones de goles o mensajes escritos".

Pero claro, esto solo afecta a los católicos, los musulmanes son iconoclastas, por tanto, se puede rezar, pero sin usar ningún objeto o símbolo. Así, la FIFA promueve un partido LGTBIQ+ para ayudar al colectivo y reivindicarlo, al tiempo, y para ser neutrales, persigue a los católicos.