Lo dice el profeta Jeremías (Siglo VII, a C.), que era un poco luto pero tenía sus razones: “Haré que crezcan y no mengüen”, asegura cuando advierte a Israel de su caída en desgracia seguida de una ulterior evolución positiva.

Esto es: Yavé, por boca del amigo Jeremías, resume cuál es el progreso de una nación, su desarrollo en positivo: la cosa va bien cuando una sociedad tiene hijos, descendencia, cuando su población va a más.

Mejor les ahorro la conclusión sobre el actual Occidente, Europa y América. Sobre todo, en la primera, cuya población mengua, no crece.

Occidente es hoy una sociedad sin fuelle, que nada en la abundancia pero se niega a compartir esa abundancia hasta con sus propios hijos, que ya es decir.

No tenemos hijos pero tenemos perros. Los perros no molestan y tienen una vida corta. Apenas es necesario educarlos y nos obedecen sin rechistar. Es una existencia, sin riesgo, sin emoción, mortecina, aburrida... muerta. 

¿Por que la civilización occidental se agota? Porque menguamos y no crecemos. No tenemos hijos, sólo perros... nosotros somos los muertos.