Ayer celebrábamos el Día de la Anunciación, día del Niño por Nacer. Buen momento para recordar las palabras de San Juan Pablo II: "¡Cuántas veces la mujer se lo carga todo ella sola! ¡Cuántas veces se queda sola, abandonada con su maternidad y el hombre, el padre del niño, no quiere aceptar su responsabilidad! Y junto a las numerosas madres solteras en nuestra sociedad, debemos pensar también en aquellas que, muy a menudo, bajo diversas presiones, incluso por parte del hombre culpable, 'se liberan' del hijo antes de su nacimiento. Sí, se liberan, pero ¿a qué precio?".
Karol Wojtyla siempre respetó a la mujer, por eso no necesitaba alabarla sin motivo. Sabía todo lo que habita en el "genio femenino" sin necesidad de convertir los defectos femeninos, que también los tienen, en virtudes inexistentes.
El mismo Papa que clamaba contra lo más grave que estaba sucediendo en el siglo XX -como en el XXI- el asesinato en masa del ser humano más inocente y más indefenso, el concebido y no nacido, también aseguraba que en este crimen tan abominable como ordinario, hay dos culpables, no uno: la madre y el padre y, en ocasiones, éste más que aquélla.
Lo segundo a destacar es la frase final de la cita del Papa polaco: el precio de la 'liberación' del aborto. Un precio muy alto, y la madre abortera lo sufre más que el hombre abortero.









