El director Joaquín Mazón se ha convertido un experto en hacer historias que agradan a un público familiar. Lo demostró recientemente con El casoplón y, ahora, con la secuela de La familia Beneton, que tuvo una excelente acogida en su estreno de hace dos años.

Así que con los mismos elementos: buenos sentimientos y un argumento sencillo ha elaborado esta nueva entrega de La familia Beneton+2. El protagonista sigue siendo Tony Beneton que pasó de ser un solterón cascarrabias a un padre 10, tras tenerse que hacer cargo de los cinco hijos adoptados de su fallecida hermana que, a la postre, son de diferentes países y culturas. El nuevo reto al que se enfrenta esa familia numerosa es que se añaden dos bebés africanos que su hermana tenía en proceso de adopción y que ahora le entregan. Sin conocimientos para cuidar niños tan pequeños, ni la ayuda de su buen amigo (encarnado por El Langui) solucionará el peligro de que su hogar se convierta en un auténtico caos.

Con un argumento similar a la anterior, esta nueva entrega cuenta con el fichaje de intérpretes tan conocidos como Anabel Alonso o Enrique Villén, que resultan simpáticos encarnando a una pareja de policías que lo mismo sirven para un roto que para un descosido. Ambos se suman a los que repiten como Leo Harlem y El Langui además de otros intérpretes como Llum Barrera, Iñaki Miramón (que hacen los papeles de los estirados vecinos que todo lo critican) o Pepe Viyuela, además de los niños que aparecían en la primera película. Hay que recordar que como se trata de una coproducción de España con México hay actores de ambos países.

No obstante, la pega fundamental que hay que achacar a este film es que, en esta ocasión, los guionistas Curro Velázquez y Benjamín  Herranz no han acertado en la tecla del humor y el resultado es una película con buenas intenciones, pero con poca gracia, a pesar del buen oficio de los veteranos actores españoles. Más aún la parte que transcurre en África, por sus decorados algo pobres, parece más propia de una obra de teatro que de una película. A su favor tiene que se trata de una comedia de humor blanquísimo, pero facilón, que cada niño “Beneton” tiene su momento de gloria y que los bebés son una delicia, aunque uno de ellos se pasa llorando toda la película. 

En cuanto al mensaje, se consolida la idea de que cuidar a un menor saca de su zona de confort a cualquier adulto y lo hace menos egoísta, que querer no implica consentir y que, incluso en la adolescencia, uno descubre que como en la familia en ninguna parte.

Para: los que les gusten las comedias familiares, aunque sean algo simplonas.