
El pecado de Ana Botín fue ascender a Juan Carlos Barrabés de consejero de Santander España a consejero de todo el grupo, cuando su nombre ya estaba vinculado al caso Begoña Gómez. Botín no frenó su nombramiento y en la Junta de Accionistas de 2024 fue elegido consejero independiente.
Eso sí, hubo que esperar varias semanas para verlo en la página web del banco, junto a sus compañeros consejeros, al parecer, porque el BCE no estaba seguro del todo.
Dos años después se han confirmado todos los temores y Barrabés está a punto de pasar a juicio oral acusado de tráfico de influencias y corrupción en los negocios. Cualquier delito debería ser una línea roja para un consejero del Ibex, pero más aún estos dos.
Ana Botín, sin embargo, le mantiene, a pesar del daño reputacional que supone para el Santander. Peor aún, la presidenta del banco se arriesga a que el BCE, que actualmente analiza la situación, le obligue a cesarlo. Tranquilos, lo haría como se hacen estas cosas: Ana, césale tú antes de que le cesemos nosotros y así no quedas tan mal.
Botín sabe, en cualquier caso, que si le cesa -y no le quedará más remedio que hacerlo-, Pedro Sánchez se va a cabrear con ella porque cesar a Barrabés supone aceptar la tesis del juez Juan Carlos Peinado, es decir, que hay indicios más que suficientes para procesar, no sólo a Barrabés sino también, y sobre todo, a Begoña Gómez.
En definitiva, Botín mantiene a Barrabés pero sabe que tendrá que cesarlo en los próximos días. Si no lo hace, lo hará el BCE. ¿Y si Fráncfort tampoco lo hace? Entonces será el momento de preguntarse ¿para qué sirve el BCE?










