El dulce Albares y todo el mariachi progre del momento se ha encariñado con el concepto de derecho internacional, olvidando que el derecho internacional fue un invento del dominico español Francisco de Vitoria... como un derivado del derecho natural, el que obedecía a la ley natural para decidir lo que está bien y lo que está mal.

El dulce Albares llega una conclusión muy elemental: derecho elemental es respetar las fronteras ajenas. Hombre sí, pero resulta que durante años hemos comprobado dos cosas:

1.Que las fronteras ajenas sólo se respetan en tiempos de paz.

2.Y que de fronteras adentro es donde se cometen los grandes atentados contra los derechos humanos. Es decir, que el problema no radica en las violaciones del derecho internacional sino en las violaciones de los derechos nacionales.

Ejemplo: Venezuela. Hugo Chávez y Nicolás Maduro han asesinado, torturado, encarcelado y robado a una muy buena parte de su población durante 26 años, mientras la comunidad internacional, por ejemplo, Europa, miraba hacia otro lado o, por ejemplo, España, utilizaba al Régimen venezolano para engrosar sus cuentas corrientes. 

¿Ya no nos acordamos de los señores Monedero y Errejón, llorando a lágrima verde en el funeral de Hugo Chávez?

Ahora bien, llega un tal Donald Trump y con una operación militar donde perdieron la vida muy pocas personas, y comienzan a liberar presos políticos y a perder el miedo. 

 

Precisamente para que se respetaran las fronteras pero, sobre todo, para que se respetara a las persona. El entonces Papa Juan Pablo II alabó la "injerencia humanitaria". Entendámonos: el mismo Papa que pedía la intervención de las potencias occidentales, militarmente, es decir, por la fuerza, en los Balcanes para evitar aquella sangrienta guerra civil. Ninguna incongruencia.

Trump está consiguiendo derribar un régimen sangriento sin crear una guerra sangrienta, que conllevaría muchas más muertes.

En resumen, el derecho internacional no ha evitado que Chávez y Maduro asesinaran, torturaran y robaran a los venezolanos. Mejor volver al derecho natural y mejor luchar por acabar con la injusticia, se produzca dentro de una frontera o de otra.