El escritor mexicano Gonzalo Celorio recibe el premio Cervantes y el diario El País -no sé por qué será- nos lo muestra como otro ejemplo de la figura progresista, moderada, ecuánime y sensata, otro dos más dos son cinco. Recuerden la vieja genialidad: siempre que alguien patina y asegura que dos más dos son seis y un segundo le corrige con la afirmación cierta de que dos más dos son cuatro, no seis, surge un tercero que acaba concluyendo, en pro del diálogo, que dos más dos son cinco.
Pues bien, Celorio al rebufo de las acusaciones, verdaderamente disparatadas, de la presidente de México, doña Claudia Sheinbaum, contra la conquista española de América, asegura que negar la Hispanidad es como "suicidarse a medias".
Con todo respeto para el último Premio Cervantes: la Hispanidad es un hecho y si niegas un hecho no te suicidas: simplemente mientes. Pero el sentido está claro: dice Celorio que no vamos a reñir, que, en efecto, los españoles perpetraron atrocidades pero que eso no implica que también llevaron cosas buenas, como el idioma.
Pues mire no, don Gonzalo, aún creyendo en su buena intención es como concluir que dos más dos son cinco. Lo siento, son cuatro y nada más que cuatro, le guste a quien le guste y no le guste a quien no le guste: no hubo atrocidades españolas. Hombre seguro que algún conquistador se pasó alguna vez con alguien, pero las 'atrocidades españolas' no fueron sino el freno necesario a las atrocidades sistemáticas, orgánicas, diríamos hoy, de los indígenas, especialmente de los aztecas: asesinos rituales, sacrificios infantiles, violaciones sistemáticas de mujeres, canibalismo y otras lindezas.
Y no: no se trata del encuentro de dos mundos, se trató de la evangelización y, consiguiente civilización de unos salvajes. Una civilización, la española, enfrentada a la ley de la selva. Nada por lo que pedir perdón, mucho por lo que estar orgulloso y deber de gratitud de los mexicanos a los españoles que tantos indígenas salvaron y que sacaron a México de la barbarie.
Nada por lo que pedir perdón y mucho por lo que sentir gratitud, que la concordia no puede basarse en la mentira.
Dos más dos suman cuatro, no cinco.










