Sr. Director: 

San Pío X nació el año 1835, era el segundo de los diez hijos. De niño iba a la escuela de Castelfranco con frecuencia descalzo. A la muerte de su padre, habría podido tomar su puesto de trabajo en el municipio, tenía 17 años, pero su madre lo ayudó a seguir su vocación sacerdotal, trabajando ella día y noche para ir tirando. Un amor y una firmeza que no debe ser olvidado. José Sarto amaba estudiar, gozaba de buena salud, era afable y tenaz. Fue capellán, párroco, director espiritual del Seminario, después Obispo de Mantua, Patriarca de Venecia y por fin, Papa. Su primera medida fue abolir el “veto laical”, una especie de derecho alegado por algunas monarquías europeas con la Constitución Commissum nobis.

Su programa como Papa fue “Restaurar” para reformar. Es muy conocido el catecismo que lleva su nombre, adoptado en Italia con la estructura de “preguntas y respuestas”. La preocupación de San Pío X fue precisamente la de difundir la catequesis entre los fieles de forma menor. Su pontificado se caracterizó por su oposición al modernismo y a las leyes anticristianas en Francia; el inicio de la reforma del Derecho canónico; la Reforma de la Curia Romana y la anticipación de la edad de los niños para recibir la Primera Comunión a los siete años. Se esforzó para superar la distensión de las restricciones del Non expedit de Pio IX, es decir, la prohibición para los católicos italianos de participar en la vida política.

En el centro de su preocupación pastoral, donde tuvo un gran colaborador, el cardenal español Rafael Merry del Val, estuvo la preocupación pastoral en una sociedad en la que se advertía, cada vez más, la crisis de la FE. Una tentativa que hizo a través del lema para su Pontificado: Instaurare Omnia in Christo, tomado de la carta de San Pablo a los Efesios. Quiso vivir como pobre: “Nacido pobre, vivió pobre y seguro de morir paupérrimo” es una de las frases de su testamento.