Sr. Director: 

Nuestro Santo Padre el Papa León firmó una carta el pasado 29 de junio, que fue publicada el 14 de agosto y remitida al cardenal Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino, para que fuera leída en una conferencia litúrgica celebrada en la Abadía de Mount Angel, en Oregón (Estados Unidos). 

En la carta, el Papa subraya que la formación litúrgica del pueblo cristiano debe fundarse en la fidelidad a los textos aprobados y en el respeto a los ritos promulgados por los Papas San Pablo VI y San Juan Pablo II.

El Santo Padre recuerda expresamente la catequesis que impartió el pasado 27 de mayo para sostener que ese respeto es obligación de todos los llamados a preparar las celebraciones litúrgicas, y en especial, de los sacerdotes. Tal respeto nace de una actitud interior de apertura y confianza en Dios, manifestando humildad ante su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial. "El Magisterio conciliar invita a evitar desorientar a los fieles, disuadiendo a cualquiera de añadir, quitar o modificar algo en materia litúrgica por iniciativa propia, e invita a los sacerdotes a custodiar el respeto de los textos y de los ordenamientos de la Liturgia", señaló en la citada catequesis. 

León XIV señala que las celebraciones dominicales de la Eucaristía son la primera y más ordinaria oportunidad de formación litúrgica. Deben promover una comprensión cada vez más honda del ars celebrandi, expresado no sólo por el celebrante, sino por toda la asamblea, de modo que los fieles queden formados para la liturgia y por la liturgia.

Recordemos que en la liturgia de la Iglesia se hace presente el Misterio de la Redención que Jesucristo llevó a cabo con su Muerte y Resurrección, particularmente en la celebración de la Santa Misa, pero también en la de los demás Sacramentos. Y recordemos también que el Oficio Divino o Liturgia de las Horas es la oración oficial de la Iglesia en la que ésta se une a su Esposo Jesucristo que ejerce como único Mediador entre Dios y los hombres.

Los fieles católicos, además de participar asiduamente en la Misa y en la celebración de los demás Sacramentos, deberíamos tomar gusto por la recitación del Oficio Divino, primero en los domingos y solemnidades y luego en los días feriales. Como mínimo deberíamos reunirnos en el templo para recitar las Laudes matutinas y las Vísperas al caer la tarde, si es posible comunitariamente.

Todos los fieles cristianos, gracias al Bautismo, gozamos de la dignidad sacerdotal que nos capacita para la oración cristiana tal y como la Iglesia Católica ha dispuesto que sea celebrada (Cfr. Pablo VI, constitución apostólica Laudis Canticum, 1 de noviembre de 1970). Fidelidad y respeto.