Un veterano Robin Hood, tras una larga vida de crímenes, intenta sobrevivir al presente agobiado por los remordimientos de lo que hizo en el pasado y con la intuición de que no va a cambiar. Pero cuando tras una sangrienta pelea resulta herido de gravedad, es recogido en un misterioso castillo. En ese apacible “sanatorio” conocerá a una mujer que le ofrecerá la posibilidad de redimirse.

Desmitificadora película sobre la figura de Robin Hood, inspirada en una balada homónima escrita en el siglo XVII. La leyenda que aparece en el cartel de la película es descriptiva  “No fue un héroe”.

Acostumbrados a la recreación heroica de Robin Hood en el cine, asombra esta versión descarnada y violenta en la que se le presenta como un hombre solitario que ha dejado atrás sus años de bandolero, y mucha gente con ansias de vengarse de él (la violencia solo engendra violencia) y que mira con desconfianza a todos aquellos que creen en su leyenda de defensor de los pobres. El guionista y director Michael Sarnoski (Pig, Un lugar tranquilo: Día 1) ha optado por un drama psicológico con una fuerte carga de violencia explícita, e innecesaria en algunos momentos por su crudeza, que muestra el lado más oscuro de este legendario personaje. Según él, ha querido plasmar cómo habría sido realmente la existencia de Robin Hood en pleno siglo XIII. Con una correcta puesta en escena, es complicado reconocer a actores tan famosos como Hugh Jackman o  Bill Skarsgård, tras capas de maquillaje y un vestuario mugriento.

Una historia en la que hay hueco para la oscuridad pero también para el arrepentimiento y el perdón.

Para: los que no les importen las desmitificaciones ni las películas violentas.