La invasión de Ceuta ha elevado el debate de la inmigración ilegal al primer puesto, en Europa. Y eso que lo vivido en la Ciudad Autónoma no fue -no es- un problema de inmigración, sino de seguridad nacional, de invasión de un territorio español.
Aclarado esto, el lunes, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y su homóloga danesa, Mette Frederiksen, dieron un paso más y no sólo criticaron la inmigración ilegal, sino que alertaron sobre los “millones de ciudadanos extranjeros que viven legalmente” en Europa, pero no respetan las costumbres ni los valores europeos.
“Estamos ambas orgullosas del patrimonio cultural cristiano de Europa y queremos protegerlo. Esperamos que aquellos que vienen a nuestros países y eligen hacer Europa su hogar respeten nuestros valores y no intenten imponernos estilos de vida que no compartimos”, señalaron. Más de un gobernante en España debería tomar nota. ¿A qué viene tanto menú halal en las escuelas al tiempo que no se respeta la abstinencia de comer carne, en Cuaresma?
Que conste, y esto es muy significativo, que Frederiksen es socialdemócrata, es decir, socialista, de la misma formación que el PSOE, en Europa, todo lo contrario que Meloni. Pero es que la inmigración y lo que supone va más allá de los colores políticos. Para empezar, como recordó el papa León XIV en España y hemos insistido en Hispanidad, la inmigración de por sí es mala, no es algo que haya que fomentar, sino todo lo contrario. Las personas tienen que poder vivir y morir en sus países de origen, y si no pueden hacerlo hay que ayudar a esos países para que sus ciudadanos no tengan que marcharse.
Más: en el comunicado, tanto Meloni como Frederiksen aseguran que la inmigración descontrolada es la responsable del aumento de los delitos en general y de los sexuales en particular. “Nadie puede negar los impactos negativos de la inmigración ilegal en nuestras sociedades: aumentan las tasas de criminalidad, aumentan la presión sobre los servicios públicos y se desgasta la confianza de los ciudadanos”, afirman.
“Es particularmente grave cuando los migrantes ilegales, privados del derecho a quedarse en nuestros países, cometen crímenes violentos, trafican drogas o se convierten en responsables de la violencia sexual”, señalan. ¿Marlaska, estás ahí? Porque el Gobierno Sánchez, sus socios y las terminales mediáticas propagandísticas insisten en negar dicha relación. Es más, acusan de odio a todo aquel que se atreve a decir lo que ahora Meloni y Frederiksen han dejado por escrito.













