La tonadillera Isabel Pantoja ha perdido dos pleitos con Hacienda, en la Audiencia Nacional, por unos 700.000 euros. El pecado habitual: disimular ganancias personales bajo el manto de sociedad.
Ya estuvo en la cárcel por blanqueo de dinero, que es más grave y sus deudas actuales con Hacienda responden al patrón habitual: si facturo a través de una empresa pago menos impuestos que si lo hago a título personal, vía IRPF.
A mí no me gusta la persecución tributaria de los famosos porque me parece injusta. No son los más ricos y las listas de morosos al Fisco publicadas me parecen bastante impresentables. No me gustan los chivatos.
Además, la historia de la persecución del famoseo, que comenzara Carlos Solchaga con Lola Flores, simplemente para meter miedo al personal, me parece deleznable. Y no siempre ha ganado la Agencia Tributaria: recuerden que el futbolista Xabi Alonso venció a la Agencia.
Pero, sobre todo, me fastidia el espíritu fiscal de la izquierda que, como todo el socialismo, parece regirse, no por el ideal de justicia social sino por la envidia hacia quien cobra más que yo.
El impuesto que más daño hacen es aquel que penaliza al emprendedor y al empleo: cotizaciones sociales, IRPF para saltios bajos o impuestos sobre el excedente de profesionales, autónomos y micropymes, por ejemplo
Como principio primero de justicia fiscal: a la gente no hay que juzgarla por lo que gana sino por lo que gasta. Entre otras cosas, porque en una sociedad financieramente avanzada las ganancias y el ahorro se convierte de inmediato en inversión (y si hay inflación con más motivo).
Por tanto, si no soy envidioso, me importará un pimiento que el vecino gane mucho más que yo: lo que gana repercutirá en la comunidad, salvo aquello que gasta en su propio beneficio.
Otra cosa es que el IVA -el impuesto más justo de todos- sea más difícil de perseguir que el IRPF o el impuesto sobre las rentas de capital. Pero los gravámenes no son justos e injustos según su dificultad para controlarlos, sino según su propia naturaleza.
Los impuestos que más daño hacen son aquéllos que penalizan al emprendedor y al empleo: cotizaciones sociales, IRPF para salarios bajos o impuestos sobre el excedente de profesionales, autónomo y micropymes, por ejemplo. El IVA no hace daño y es el más justo, dos razones por las que a la izquierda no le gusta. Todo ello en seguimiento del argumento sindical, expresado allá por los años ochenta, cuando yo velaba mis primeras armas periodísticas, por un afiliado a Comisiones Obreras: es injusto que el Ducados (entonces el tabaco barato) pague los mismos impuestos que el Winston, entonces la estrella tabaquil, porque el Ducados lo fumamos los currantes y el Winston los ricos.... sólo que ni los ricos ni los pobres pueden considerar que el tabaco, sea Winston o Ducados, resulte un artículo de primera necesidad. En tal caso, de primer vicio.
El espíritu fiscal de la izquierda que, como todo el socialismo, parece regirse, no por el ideal de justicia social sino por la envidia hacia quien cobra más que yo
Lo dicho, el IVA no es el impuesto más injusto. Por contra, es el más justo de todos, porque a la gente hay que juzgarla por lo que gasta, no por lo que gana que, a lo mejor, incluso se lo merece... aunque gane mucho más que yo.
Por lo demás, las elevadísimas cotizaciones sociales vigentes en España, así como el impuesto de sociedades, prácticamente igual para una micropyme que para una multinacional, así como un IRPF tan progresista que desincentiva el emprendedor... constituyen el modelo fiscal que tenemos: injusto pero ruinoso.










