• Lo dice John H. Newman y lo pensaba Juan Pablo II.
  • El fin de la historia, lo más normal del mundo.
  • Y el fin del mundo, lo más normal de la historia.
Un artículo de Hispanidad sobre el fin del mundo y el regreso de los profetas, es decir, sobre el filósofo Fabrice Hadjadj, parece haber despertado un sinfín de contradicciones que, lo puedo asegurar, no estaba en la intención del escribano. En cuanto habla de fin del mundo la gente se somete al más duro escrutinio sobre tu segura insania mental. Simplemente intento demostrar que el fin del mundo no es nada extraño: es lo más normal de la historia. Lo previsto y lo lógico: el mundo tuvo un principio así que tendrá un fin. Pero más preocupante es cuando esa reacción, con un adarme de neurosis, se deja ver en algunas mentalidades cristianas, para las que hablar del juicio de las naciones es algo, cuando menos, exagerado. Pues bien, insisto en el asunto, esta vez echando mano de John Henry Newman, un inglés frío como un pez y, para más detalles: "la consumación puede sobrevenir en cualquier momento. Dios desea que pensemos en la segunda parte de la alternativa, para que nuestra inteligencia y nuestro corazón se abran a las impresiones venidas de esa contemplación, es decir, que el final se acerca, porque es bueno vivir como si el final humano hubiera de tener lugar en nuestros días, cualquier día". Y entonces llega la conclusión del escolástico e intelectual Newman. "afirmo, por tanto, que aunque los cristianos puedan erar y confundirse sobe los signos de la segunda venida de Cristo, no se equivocan en su estar atentos a la llegada del Señor". No lo dice un vidente majadero, sino el canonizado John Henry Newman, al que los cristianos veneran como uno de los grandes intelectuales católicos. El creador del movimiento de Oxford añade un resumen que viene al pelo tanto en el siglo XXI como en el XIX. Ahí va: "Todo se presenta tan lleno de desorden que el mundo se acerca a su fin; el incrédulo ha afirmado: todo se encuentra en tal estado de tumulto que la Iglesia está a punto de desaparecer". Y para Newman ambos sentimientos son tan lógicos como errados. No es que ahora sea así, es que siempre ha sido así. Ahora bien, junto a estas palabras se alzan las de Juan Pablo II: este mundo no es ni mejor ni peor que el del pasado. Pero hay algo que le distingue, y no positivamente: la incapacidad de una generación para trasmitir a la siguiente una serie de principios morales sobre los que se articula la convivencia. Y eso es para sospechar que el juicio de las naciones anda próximo. En cualquier caso, las profecías no se han hecho para predecir sino para convertir. O sea, que es bueno pensar en el fin del mundo. El fin de la historia, lo más normal del mundo. Y el fin del mundo, lo más normal de la historia. O así, que dijo un vasco. Eulogio López [email protected]