Son alemanes pero no tontos, tienen sentido común y entre sus innúmeros defectos no está el de engañarse a sí mismos, como hacemos los españoles.
El canciller alemán Freidrich Merz ha ratificado su reforma de las pensiones. No ha descubierto nada nuevo, todos sabemos lo que hay que hacer en una Europa estéril y radicalmente envejecida. Lo primero, reconocer, y el canciller lo ha hecho, que el sistema público de pensiones, con una pirámide demográfica invertida, está quebrado.
En España, la ministra del ramo, Elma Saiz, asegura lo contrario y defiende que lo nuestro, o sea, lo suyo, su gestión, constituye 'un éxito de país', que las pensiones públicas en España están aseguradas por mucho tiempo. Una coña marinera pero, en política, el primer paso para solucionar un problema es reconocer su existencia.
Pues bien, los alemanes aseguran que su sistema de pensiones públicas está quebrado, es insostenible. Por tanto, han hecho lo que deberían hacer:
1.Retrasar la edad de jubilación. Los nacidos a partir de 1964 tendrán que jubilarse a los 67 años de edad y a partir de ahora comenzará un calendario, lento, de ampliación de la edad de jubilación hasta los 70 años de edad.
Lento sí, pero no que decir tiene que los calendarios, una vez instalados, pueden acelerarse... si no hubiera dinero para pagar las pensiones.
No sólo eso, a lo germano, es decir, por obligación, Berlín instituye la pensión privada, complementaria de la pública. ¿De dónde saldrá? Pues de las nóminas de los trabajadores, de las que se descontará un 2% para su pensión privada.
Recuerden que, en la pensión pública, el empresario paga el 80% de las cuotas, por un 20% el trabajador. Naturalmente, en España la pensión privada es opcional. En Alemania será obligatoria.
En definitiva, el que quiera una pensión que se la pague. Pero que se la pague él, no su empresa. La obligación del patrón es pagar buenos salarios, no pagar muchos impuestos. El detalle final es que el complemento privado de su pensión deberá pagárselo el propio trabajador... quiera o no quiera y ese dinero se invertirá en bolsa y en deuda.
Complemento final: se endurecen la prejubilaciones en Alemania, mientras en España nos encontramos a los majaderos de Comisiones Obreras fomentándolas: han olvidado que las prejubilaciones les salen caras a las empresas, sí, pero a costa de precarizar el empleo. Al trabajador veterano de 50 años le sustituye un jovencito de 20 que trabaja el doble de horas por la mitad de salario del veterano.
En definitiva, Merz se ha aplicado a resolver la tragedia pendiente de un sistema de jubilación pública quebrada. En España, el Gobierno Sánchez continúa engañándonos con la viabilidad y sostenibilidad de nuestro sistema de pensiones.
El canciller Merz piensa en el futuro, aunque eso le suponga aplicar medias antipopulares. El presidente Sánchez solo tiene un horizonte: su propia permanencia en Moncloa, el mayor tiempo posible. Y si para ello tiene que mentir a los españoles asegurando que el sistema público de pensiones español está fuerte... pues miente y en paz.











