
Grupo de Cristeros mejicanos posan, junto a una viuda de luto, con la bandera de la Virgen de Guadalupe
Sr. Director:
En el presente año se cumple el primer centenario de la llamada guerra cristera. El 31 de julio de 1926, la Iglesia Católica en México tomó una decisión sin precedentes: suspender el culto público en todo el país. Este acontecimiento desencadenó el conflicto más dramático y desconocido en defensa de la libertad religiosa en el continente americano, la guerra que fue llamada cristera.
El asunto arrancó con la Constitución mexicana de 1917, que incorporó artículos claramente anticlericales, concebidos para someter a la Iglesia al control absoluto del Estado, siguiendo el modelo de la imposición anticlerical de la Revolución francesa.
Se prohibió a la Iglesia dirigir escuelas, se ordenó eliminar las órdenes monásticas y se despojó a los templos de su capacidad legal para poseer bienes.
La situación llegó a su punto álgido en 1926, cuando el presidente Plutarco Elías Calles promulgó una reforma penal por medio de la Ley Calles, que prohibía a los sacerdotes vestir sotana en público, expulsaba a los clérigos extranjeros y limitaba drásticamente el ejercicio del culto católico.
Para evitar todo acto que pudiera significar o ser interpretado por los fieles como una aceptación de la ley, la Santa Sede rechazó la normativa ordenada por el Estado, y la jerarquía eclesiástica ordenó la suspensión del culto público en todo el territorio nacional.
Fue precisamente esta suspensión del culto lo que marcó el inicio de la contienda armada, una lucha que brotó desde el corazón del pueblo y el campesinado de estados como Jalisco, Guanajuato y Michoacán.
Los obispos predicaron inicialmente una resistencia pacífica, pero el Gobierno puso en marcha una política sistemática de arrestos e intimidación que pronto escaló hacia las ejecuciones y una represión abierta y violenta por parte del Ejército hacia los católicos mexicanos.
Se calcula que esta guerra costó la vida a más de 200.000 personas.
Oficialmente, el conflicto acabó en 1929 con los acuerdos, pero la paz fue en realidad un verdadero espejismo.
El gobierno de Emilio Portes Gil se comprometió a no aplicar las leyes persecutorias, aunque no se realizó ningún cambio constitucional.
Murió más gente por represalias tras la firma de la paz que durante los propios combates, prolongándose la resistencia en una segunda etapa marcada por la precariedad y el abandono.
No fue hasta 1992 cuando México restableció formalmente las relaciones con la Santa Sede y reconoció la personalidad jurídica de la Iglesia.
Muchos católicos fueron perseguidos, martirizados y asesinados a causa de su fe.
De entre todos ellos destacan los 25 mártires mexicanos o Mártires de Cristo Rey: Cristóbal Magallanes y 24 compañeros mártires, que fueron beatificados en 1992 y canonizados en el año 2000 por el Papa San Juan Pablo II.
El sacerdote Cristóbal Magallanes, nacido en 1869 y ordenado presbítero en 1888, fue párroco de su pueblo natal, Totiche, nunca abandonó a su feligresía sino que la defendió de los perseguidores, lo cual le valió la muerte violenta junto con otros compañeros sacerdotes y tres laicos también mártires.
Merece la pena reseñar también el martirio del adolescente de 14 años de edad, José Sánchez del Río, nacido en 1913 y asesinado por ser católico en 1928.
Se enlistó en el grupo de cristeros y fue procesado, torturado y ejecutado por soldados del Ejército mexicano.
Cuando estalló la guerra en 1926, durante el pontificado de Pío XI, sus hermanos se unieron a las fuerzas cristeras, pero su madre no permitió que José marchara a combatir por su corta edad.
Él insistió en que quería tener la oportunidad de participar en el conflicto. Las palabras que convencieron a su madre para que lo dejara ir a luchar fueron: "Nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora"
Le prendieron como prisionero en las cercanías de Cotija y lo llevaron a Sahuayo, donde lo encarcelaron en el templo bajo custodia. Luego lo llevaron al mesón general del ejército federal, le desollaron las plantas de los pies con un cuchillo y le obligaron a caminar descalzo con los pies desollados por la calle hasta llegar a lo que hoy es el Instituto Sahuayense; dieron vuelta al Boulevard y siguieron hasta llegar al cementerio municipal.
Puesto al pie de la tumba fue sometido al ahorcamiento y acuchillamiento por parte de sus verdugos. Uno de ellos sacó su pistola y lo mató de un tiro de gracia en la sien.
Desde que lo apresaron hasta su muerte estuvo vitoreando a Jesucristo y a su Madre Santísima: "¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe"
Fue beatificado en 2005 por el Papa Benedicto XVI y fue canonizado el 16 de octubre de 2016 por el Papa Francisco.
Su fiesta se celebra cada 10 de febrero.
Es el patrón y modelo cristiano de los niños, adolescentes y jóvenes y de la juventud en general, en especial de los cristeros.
Rezamos con fe:
Señor Dios, que otorgaste la palma del martirio a los santos
Cristóbal, José y sus compañeros al profesar y defender
con su sangre la fe en Cristo Rey del Universo.
Concédenos, por su intercesión, alcanzar la gracia de ser,
como ellos, fuertes en la fe, seguros en la esperanza y constantes en la caridad, contando con el amparo de nuestra Madre de Guadalupe. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
No olvidemos que la sangre de los mártires es semilla de cristianos.
El Papa San Juan Pablo II realizó cinco viajes apostólicos a México, en 1979, 1990, 1993, 1999 y 2022.
También el Papa Benedicto XVI viajó a México y a Cuba en marzo de 2012.
Y el Papa Francisco visitó México entre el 12 y el 17 de febrero de 2016.
A día de hoy, parece más o menos confirmado que el Papa León XIV visitará en el presente año 2026 Argentina, Perú y Uruguay.
Que sea para bien de toda la Iglesia Universal.









