‘Cumbre’ empresarial hispano-lusa en Davos para pedir acciones que garanticen la competitividad industrial y energética de España y Portugal. Ante todo,  orientar la regulación hacia una mayor productividad. NInguna exageración: las redes eléctricas y la escasa capacidad para el almacenamiento de energía están paralizado el crecimiento económico español, desde la construcción de viviendas a la reindustrialización y las telecomunicaciones, pasando por la digitalización. O invertimos en redes o corremos el riesgo serio de parálisis. Y desde luego, la prioridaid del Gobierno Sánchez, desde 2018, no ha sido la productividad sino la ideología: continuamente se nos habla se habla de electrificación de la sociedad pero se impide esa electrificación mediante el cuello de botella de las redes eléctricas.

Así, desde el Foro Económico Mundial que se está celebrando en Davos (Suiza), las empresas ACS, EDP, Galp, Iberdrola, Moeve, Naturgy, Repsol y Técnicas Reunidas han reclamado acelerar la inversión en redes eléctricas y almacenamiento, así como eliminar barreras a la inversión. Y se han unido así a otros que han advertido sobre la urgente inversión en redes en España, como: Ditte Juul Jorgensen, directora general de Energía de la Comisión Europea; Bill Gates; e Ignacio S. Galán, presidente ejecutivo de Iberdrola.

Esta ‘cumbre’ empresarial hispano-lusa en Davos pide cinco acciones que garanticen la competitividad industrial y energética de España y Portugal, entre ellas, orientar la regulación a la competitividad. Y lo hacen, por segunda vez consecutiva, a través de la Iniciativa Ibérica de Industria y Transición Energética (IETI) que lidera McKinsey & Company. Asimismo, los miembros de la IETI han participado en una sesión de trabajo multilateral con Enrico Letta, ex primer ministro de Italia y autor de un famoso informe sobre la competitividad en la UE; Cristina Lobillo, directora de Política Energética de la Comisión Europea; y otras instituciones.

Dicha Iniciativa ha reclamado que se refuerce la ambición en torno a la competitividad, creando y escalando ecosistemas industriales en ámbitos estratégicos de crecimiento (combustibles y moléculas renovables, baterías, defensa, habilitación tecnológica e IA, entre otros). Al mismo tiempo, se debe orientar la regulación a la competitividad, a través de: la eliminación de barreras a la inversión, incentivos focalizados, un entorno basado en la neutralidad tecnológica para reducir los costes, la agilización de permisos y nuevos mecanismos de financiación.

La IETI también ha propuesto acelerar el despliegue de infraestructuras, reforzando la inversión en infraestructuras críticas como las redes eléctricas, el almacenamiento, el transporte y la logística. Asimismo, es necesario revisar los esquemas de remuneración, algo que debería escuchar la CNMC tras haber aprobado una remuneración del 6,58%, inferior a la que pedía el sector eléctrico en España, y ya se prevé que algunas empresas recurran a los tribunales. A esto se suma una apuesta por la innovación a través de la inversión en I+D en tecnologías y sectores clave, impulsada con incentivos fiscales e instrumentos de cofinanciación. Además, se debe desbloquear la productividad del talento.

Desde algunas de las empresas españoles que forman la IETI, Agustín Delgado Martin, jefe de innovación y sostenibilidad de Iberdrola, ha apuntado, como su jefe (Ignacio S. Galán), que “la electrificación es imparable y la demanda crecerá, por será “necesario contar con más redes eléctricas, más almacenamiento y más renovables, recursos autóctonos que se pueden desplegar con rapidez y aportan precios estables y competitividad, además de generar industria y empleo” y más en un entorno en el que Europa y EEUU necesitan autonomía estratégica, algo para lo que es clave aprovechar los recursos propios y contar con estabilidad regulatoria, planificación y permisos ágiles.

Maarten Wetselaar, CEO de Moeve (antes Cepsa), ha señalado que es necesario acelerar la transición energética en España y Portugal, justo cuando la compañía que dirige y Galp han anunciado la fusión de sus refinerías y gasolineras. Asimismo, ha aludido a la necesidad de “desplegar soluciones de energía limpia, escalar la demanda y construir infraestructuras transfronterizas que permitan trasladar la abundante energía de Iberia allí donde Europa más la necesita. Eso es lo que convertirá el  impulso actual en una verdadera ventaja competitiva y en una mayor seguridad energética para Europa”. Por su parte, Francisco Reynés, presidente ejecutivo de Naturgy, ha apuntado al impulso de la innovación a través de “fomentar la ambición, garantizar el acceso a una financiación competitiva, ofrecer incentivos fiscales y agilizar los procedimientos administrativos de autorización”. 

Josu Jon Imaz, CEO de Repsol, ha referido algunas iniciativas europeas que van en la dirección correcta, aunque “no es suficiente y se necesitan medidas más concretas, coherentes y escalables. El actual contexto geopolítico no hace sino aumentar la urgencia de acelerar la acción. De cara al futuro, es esencial ir más allá de un desarrollo regulatorio fragmentado y garantizar la coordinación y el equilibrio entre las políticas climáticas, de transporte e industriales, preservando al mismo tiempo el principio de neutralidad tecnológica y un enfoque basado en la cadena de valor”. Y desde Técnicas Reunidas, su presidente ejecutivo, Juan Lladó, ha subrayado que “la transición energética ofrece una oportunidad única para que Europa reconstruya su base industrial mediante soluciones escalables y competitivas”, y en todo ello, es clave “desbloquear este potencial requiere una colaboración público-privada sin precedentes y una ejecución más ágil de los proyectos, eliminando cuellos de botella en los permisos, las redes y la financiación de nuevas tecnologías bajas en carbono”.

Desde las empresas portuguesas, Miguel Stilwell, consejero delegado de EDP, ha afirmado que “Iberia ya ha demostrado que la energía limpia puede escalar. La ventaja competitiva de Europa ya no vendrá de más regulación, sino de una ejecución más rápida: permisos ágiles, reglas estables y predecibles y redes modernas e interconectadas”. Y Maria João Carioca, co-CEO y directora financiera de Galp, y João Diogo Marques da Silva, co-CEO y EVP Commercial de Galp, han añadido que “la transición energética representa una oportunidad única para reindustrializar Europa, e Iberia está especialmente bien posicionada para liderar esta transformación. España y Portugal combinan recursos abundantes, una sólida base industrial y el talento necesario para desempeñar un papel decisivo en el refuerzo de la competitividad europea”.

La IETI ha destacado que tanto España como Portugal tienen una ventaja de costes en energías renovables de aproximadamente un 20% y una sólida base en combustibles renovables, por lo que pueden reindustrializarse más rápido que otros países para impulsar el crecimiento económico y reforzar la autonomía estratégica europea. Eso sí, aún persisten algunas brechas estructurales, como: la necesidad de simplificar los marcos regulatorios y de garantizar la competitividad de costes de las tecnologías más relevantes para las distintas industrias y aplicaciones, junto con el retraso en innovación y productividad del talento, los prolongados plazos de tramitación de permisos y la insuficiente inversión en redes. Unas brechas que siguen limitando el escalado industrial y mantienen prácticamente estancado el peso de la industria en la economía (de hecho, en España supone el 16% de su PIB, a pesar de que el objetivo era llegar al 20% en 2020).