El punto de partida es muy positivo, a pesar del encarecimiento de las materias primas, la incertidumbre y la dura competencia en el sector. El caso es que después de tres años de crecimiento, Pascual cerró 2025 con un beneficio de casi 20 millones de euros, un 30% superior al del año anterior, tras facturar un 4% más, hasta los 929 millones. El Ebitda aumentó un 3,85% y alcanzó los 68,84 millones.
Aunque el negocio principal sigue siendo la leche, actualmente representa menos del 50% de la facturación y, más importante aún, es el negocio menos rentable del grupo. La distribuidora hostelera, Qualinza, se consolidó como el segundo negocio, con una facturación de casi 260 millones de euros, seguido de agua (Bezoya, Vivesoy o Bifrutas), con 160 millones de euros, café (90 millones) e internacional (70 millones).
2026 será el primer año con un consejero delegado ajeno a la familia, César Vargas, ascendido a finales de enero después de tres años como director general de Negocios. Tomás Pascual, hasta entonces primer ejecutivo, se mantiene como presidente centrado en labores de gobernanza y visión estratégica. Así, Vargas será el encargado de poner en marcha el proyecto Aura que “no es otro plan”, sino “la arquitectura necesaria para competir en los próximos años”, afirmó el CEO en un comunicado.
De esta manera, se constituirán cinco empresas con autonomía real de inversión y decisión: Café, Lácteos, Hidratación, Internacional y Qualinza. La transición será ordenada y se completará durante 2026, ejercicio en el que la empresa prevé facturar, no obstante, un 4% más. Vargas tiene tarea por delante.











