La presidente del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, no se compromete a nada pero mantiene los tipos de interés en la zona euro en el 2%. Asegura que no le teme a la inflación supuestamente -el único objetivo de la autoridad monetaria de Fráncfort- en Eurolandia está en el 1,7%.

También ha hablado Lagarde de la fortaleza del euro frente al dólar lo que no es bueno ni para la inflación ni para las exportaciones europeas.

Ahora bien, lo que late al fondo de este mantenimiento de tipos de interés, que incluso en situación de normalidad supondría nuevos descensos, es el temor global, en todo el mundo, a una crisis de deuda soberana. Todo Occidente esta sobreendeudado con una clase política, en Europa y en América, que se ha acostumbrado al voto cautivo y a pagar con deuda hasta las pensiones. Eso ha hecho crecer el endeudamiento público hasta límites peligrosos, límites que exigen, en Europa, una reducción, no ya del gasto público corriente, sino del Estado del Bienestar en su conjunto.

¿Qué pasará el día en que quiebre algún país, aunque sea menor, y la desconfianza sobre la deuda se extienda por el mundo? 

Y ojo, la deuda sólo es la hija de la déficit público. Y es la reducción del gasto público lo que no está dispuesto.  

En definitiva, el temor a un estallido global de deuda continúa pero, por ahora, Doña Christine prefiere mantener los tipos bajos... lo que dará a la clase política actual, la más irresponsable desde el final de la II Guerra Mundial, a continuar endeudándose con alegría y comprando votos y permanencia en el poder con el dinero del contribuyente.