Meliá anunció este miércoles que dejará de operar de manera inmediata en 15 hoteles -tiene 34 en la isla-, tras el ultimátum de la Casa Blanca cuya fecha límite es el próximo viernes 5 de junio. La cuestión es que estos hoteles, como la mayoría de los pertenecientes a las grandes cadenas españoles, operaban con el Grupo cubano de Turismo Gaviota, filial del grupo militar cubano Gaesa, empresa vetada por la Administración Trump.

Concretamente, fue el 1 de mayo cuando el presidente norteamericano firmó una Orden Ejecutiva en la que imponían sanciones a Gaesa y sus filiales, algo que el Secretario de Estado, Marco Rubio, anunció el día 7. La fecha tope para cesar las actividades es, como hemos dicho antes, el 5 de junio.

Dicho esto, conviene resaltar que la situación económica en Cuba es dramática, con cortes constantes y prolongados de luz, sin gasolina y con un turismo reducido a menos de la mitad, desde enero…. y cayendo.

En este contexto y tras el ultimátum de la Casa Blanca, antes que Meliá también cesaron su actividad Barceló e Iberostar. Cuba ha pasado de ser un mercado turístico importante a ser un problema serio para los grupos hoteleros españoles.

Mientras tanto, la opositora Rosa María Payá, de Cuba decide, habló el lunes en Madrid, de la necesidad de avanzar hacia la democracia en la isla. Payá aprueba la presión de EEUU al régimen castrista, pero advierte: “El futuro de Cuba está en Cuba, y el cambio se hace en Cuba”.

“Es un momento crucial para la historia de Cuba, que requiere también de la articulación de las fuerzas democráticas cubanas, que es un concepto muy amplio”, afirmó, para concluir diciendo: “O nos organizamos y proveemos una alternativa democrática al pueblo cubano, o nos pasa por arriba la historia”.

De momento, las empresas han hecho caso al ultimátum de EEUU, pero ya veremos qué sucede después si no hay avances significativos hacia un cambio de régimen, es decir, hacia la democracia. Porque en Cuba, la población ya no tiene nada que perder.