PRISA es un desastre y sólo sobrevive gracias al apoyo institucional, principalmente del Gobierno, del actual de Pedro Sánchez y del anterior, de Mariano Rajoy. Porque la quiebra técnica de PRISA viene de lejos, al menos desde 2012, cuando su patrimonio neto comenzó a ser negativo, es decir, cuando sus deudas superaron el valor de todos sus activos. La situación, desde entonces, no sólo no ha mejorado, sino que se ha cronificado, pero da lo mismo, porque tiene el apoyo del poder político.

Dicho esto, el presidente del grupo, Josep Oughourlian, se presentó triunfante este lunes, ante la Junta General de Accionistas porque, atención, los suscriptores de El País alcanzaron los 476.000 en mayo, un 13% más que un año antes, y las suscripciones a los sistemas de enseñanza de Santillana rozan los 3,9 millones, casi un 20% más.

No es broma. Escuchen al eufórico Oughourlian: “Estas cifras son la expresión tangible de una compañía que ha recuperado el pulso, que ha reforzado su estructura y que vuelve a crecer con ambición y prudencia a partes iguales”, afirmó.

Los datos, sin embargo, no dicen lo mismo. En 2025, PRISA redujo un 2% los ingresos, el ebitda cayó un 12%, el beneficio antes de impuestos de desplomó un 60% y las pérdidas netas fueron de 27 millones de euros, más del doble que en 2025. Eso sí, los suscriptores de El País han aumentado un 13%, teniendo en cuenta que la suscripción anual ronda actualmente los 14,90 euros por dos años… Vamos, que en 2027 hasta podría repartir dividendo.

Pero la verdad es tozuda y soñar es gratis. La deuda neta de PRISA ronda actualmente los 665 millones de euros y su patrimonio neto negativo es de aproximadamente 370 millones de euros. Ni siquiera el plan estratégico 2026-2029, presentado durante la Junta y que aspira a ingresar más de 1.000 millones anuales, levantó el ánimo inversor y la cotización de la compañía cayó más de un 3%, hasta los 0,29 euros. PRISA vale en bolsa algo más de 410 millones de euros.

¿Seguro que la compañía ha recuperado el pulso?