Por cierto, según el dato provisional de Eurostat, los precios aumentaron en España un 4,5%, en agosto, no un 4,3% como adelantó el INE el pasado viernes. Habrá que ver cómo queda el IPC definitivo.

Sea como fuere, la inflación en España repunto más que en la eurozona, donde se situó en un preocupante 3,3%, según el dato publicado este martes. En julio, el IPC se situó en el 2,9%. Es una subida más que considerable, provocada, como en España, por el precio de la energía, que se disparó un 14%.

Este IPC augura nuevas subidas de tipos de interés por parte del BCE, ya que está muy alejado del objetivo del 2%. Como contamos ayer en Hispanidad, con motivo del encuentro en Jackson Hole, la política monetaria está en crisis, entre otros motivos, porque está aplicando las mismas recetas de siempre a pesar de que la inflación actual no es de demanda, sino de oferta. En definitiva, subir los tipos no solucionará nada -a lo sumo será un parche temporal-, como se está demostrando desde hace unos cuantos años.

La solución pasa por aumentar la oferta, sobre todo de energía, aunque eso suponga potenciar las energías fósiles, eso sí, después de liberarlas de los elevadísimos impuestos verdes a las que están sometidas.