
No hace tanto tiempo, antes del confinamiento forzoso e inconstitucional, el día de la junta de accionistas era un día grande en el que el banco se ‘vestía’ de gala y reunía a esos pequeños accionistas anónimos e invisibles durante el resto del año. Algunas citas, como las del Santander o el BBVA, se alargaban durante horas por las intervenciones de los accionistas y, cómo no, de los sindicatos, que aprovechaban para recordar las nefastas condiciones de la plantilla, especialmente las de la red de oficinas.
Algunas juntas quedarán en el recuerdo, como la primera de Bankia, en la que se escuchaba por igual a José Ignacio Goirigolzarri y a los que protestaban fuera por las preferentes. O la del Santander del año 2018, que presagiaba follón por ser la primera tras quedarse el Popular, pero que, sin embargo, fue todo lo contrario gracias a varias ONGs. Por ejemplo, a la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, que felicitó a Botín por su labor a favor de esta ave rapaz. Fue increíble y emocionante a partes iguales.
Pero todo eso ya es historia y lo es por culpa de las juntas telemáticas, que se pusieron en marcha de manera excepcional durante la pandemia. La semilla ya estaba sembrada y era cuestión de tiempo que fructificara. Botín fue la primera en suprimir la junta presencial y este año se ha sumado Bankinter, de su primo Alfonso.
Doña Ana no tendrá que aguantar, cara a cara, las críticas por haber cobrado un total de 18,5 millones de euros en 2025, un 34,6% más que en 2024, y tener acumulada, además, una pensión de 65 millones. El CEO, Héctor Grisi, ganó 10,2 millones, un 23,8% más, y el exCEO, José Antonio Álvarez, 6,6 millones. Apenas notan la inflación. Por cierto, en la junta de 2025, las remuneraciones de 2024 fueron rechazadas por el 6,65% de los votos. No es un porcentaje escandaloso, pero sí es elevado. Veremos este año.
En definitiva, con las juntas telemáticas se elimina la democracia en las empresas, en general, y en los bancos en particular. Antes, los minoritarios contaban poco o nada pero, al menos, tenían la oportunidad de hablarle de tú a tú al consejo una vez al año.
Y mucho nos tememos que se trata de una tendencia imparable y que la CNMV no hará nada por frenarla. Sobre el papel, las juntas telemáticas son tan democráticas como las presenciales, aunque la práctica diga lo contrario.










