Aernnova no vuela alto, pese a ser proveedor de Airbus y otros fabricantes aeronáuticos, y se está viendo afectada por la crisis del automóvil y su desinversión en dicho sector. En 2025, logró elevar sus ingresos, pero no sólo siguió en pérdidas, sino que las cuadruplicó, como se refleja en las cuentas depositadas en el Registro Mercantil.

Esta multinacional aeronáutica española no sólo trabaja para Airbus, lo hace también para el estadounidense Boeing y el brasileño Embraer, entre sus principales programas aeronáuticos. Su sede está en Miñano (Álava) y surgió hace 20 años con la compra de la división de la división aeronáutica de Gamesa, aunque sus orígenes se remontan a 1986 como Fibertecnic y su primer contrato para fabricar componentes de la antigua CASA (hoy dentro del gigante aeronáutico europeo Airbus).

Su accionariado ha cambiado en la última década. En 2017, el fondo de inversión de origen suizo Springwater (fundado por Martin Gruschka), que controlaba el 47% del capital, decidió salir de Aernnova. En ese momento, entró un consorcio de fondos que se hizo con la mayoría del capital y estaba liderado por el neerlandés Everest Holdings (vinculado al estadounidense TowerBrook) y en el que también estaban presentes: el fondo de inversión luxemburgués Pl 1 y el británico ANV Co-Invest, así como el vehículo de inversión de la familia Abelló (Torreal). Además, en el accionariado también tienen presencia: Kaizarra Corporación Empresarial (liderada por Juan Ignacio López Gandasegui, fundador de Aernnova y su presidente hasta marzo de 2025), la compañía española Viana Spe y el equipo directivo.

André Wall, CEO de Aernnova

 

El pasado octubre se anunció que el 1 de enero saldría de la compañía que fabrica componentes aeronáuticos su CEO, Ricardo Chocarro, y se alegaron motivos personales. El presidente ejecutivo, Christopher Grant Skinner, asumió las riendas, meses después se anunció el nombre del sucesor de Chocarro, el alemán André Wall, quien acaba de aterrizar en Aernnova como CEO el pasado 1 de julio para pilotar el nuevo plan estratégico 2026-2028. Y entre sus tareas, estará la de volver al equilibrio financiero… 

En 2025, los resultados no fueron buenos, en gran parte, por la desinversión en el negocio de automoción, sobre todo, a través de la filial Serra Soldadura, que entró en concurso de acreedores el pasado marzo y está en venta, con 500 empleos en el aire. A finales del pasado mayo, el administrador concursal amplió el plazo para hacer ofertas por la citada filial.

Los ingresos se han incrementado un 4%, hasta 937 millones, y se reexpresaron las cuentas de 2024, año en el que se benefició de la mayor entrega de aviones pero no se facturaron 980 millones sino 900 millones.

Por su parte, el resultado de explotación (ebit) se ha disparado un 46%, a 48 millones; y el margen de explotación sobre la facturación ha sido del 5,13% (+1,66%). Eso sí, el resultado neto ha seguido arrojando números rojos, en concreto de 68,7 millones, frente a los de 17 millones de 2024. En dichas pérdidas, han influido las de 45 millones de la división de Aeroestructuras y Componentes, y las de 40,7 millones del negocio de Automoción, frente al beneficio de 4,2 millones del área de Ingeniería y Servicios, y unos ajustes por consolidación de unos 13 millones.