Con su política suicida, Berlín está empeñado en que España sea rescatada, pero ya todos sabemos lo que significan los rescates europeos, tras las experiencias de Portugal e Irlanda.

Que no, que ese no es el camino. El camino es que España abandone el euro y recupere su soberanía monetaria. El euro, no la Unión Europea. Así podrán decir lo de Cameron: "todos los días me levanto y doy gracias a Dios por no haber entrado en el euro".

¿Qué pasaría si nos vamos del euro? Pues no pasaría nada. Saldríamos con una peseta devaluada, ciertamente, y el malvado efecto inflacionista provocado por la irrupción del euro no nos lo quitaría nadie. Ahora bien, las exportaciones mejorarían -esa es la clave de nuestro futuro- y quien más sufriría sería el hombre de la calle porque los viajes al extranjero le saldrían más caros. No se preocupen, el español cada vez viaja menos por turismo: no tiene dinero para ello.

¿Espiral inflacionista? ¿Con una economía en recesión? ¡Anda ya! Ni con la necesaria emisión extraordinaria de moneda, de pesetas, algo a lo que estaríamos obligados.

Y de paso, si España sale del euro le haría un gran favor a Europa porque el euro, según los actuales criterios -Europa se ha convertido en un banco- no puede sobrevivir. La salida de España obligaría a refundar, no la Eurozona, sino la Unión Europea: ¡Espléndido!

Lo que no puede ser es que cada ajuste fiscal o de gasto -durísimos- se los coman los especuladores en una semana.

Eulogio López

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