El investigador Juan Carlos Izpisúa ha conseguido su primer éxito con la utilización de células madre, en concreto contra la progeria, o envejecimiento acelerado de las células. Le felicito sinceramente, sobre todo porque el logro ha sido realizado con células madre adultas, es decir, sin matar embriones humanos, es decir, personas.

Izpisúa fue uno de los cuatro científicos a los que la hoy vicepresidenta económica del Gobierno Zapatero, doña Elena Salgado, les cedió miles de embriones sobrantes de la puñetera fecundación in vitro (FIV), raíz de todos los males mayores, con sus maravillosas leyes de reforma de la reproducción asistida y de Investigación biomédica, convirtiendo a España, junto a Reino Unido, en el paraíso de la masacre de personitas y de la utilización de embriones humanos como cobayas de laboratorio.

La progresía juega dolosamente con el segundo apellido A ver, repitamos: con células madre adultas no se mata a nadie, con células madre embrionarias sí. No sólo eso, sino que las células extraídas de embrión, lo que exige cargarse al embrión, han provocado efectos secundarios no deseados (tumoraciones) y, encima no han curado ni un catarro. Con las primeras, la que defiende la Iglesia, sí se han conseguido terapias.

Diarios como El País, que cantan las excelencias de Izpisúa, se preocupan muy mucho de no utilizar el segundo apellido, madre, en la crónica del avance conseguido: se quedan en células madre, sin especificar. Todo menos reconocer la bestialidad que están vendiendo que, además de bestialidad, ha resultado un fracaso.

Ahora sólo espero que Izpisúa reconozca que no se puede matar a un ser humano para curar a otro y que, en consecuencia, renuncia la utilización de embriones. Con mucho gusto relataré su cambio de opinión y cantaré las maravillas de sus avances científicos... con células madre adultas.

Eulogio López

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