El nuevo secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, necesita un revulsivo político, no para enfrentarse al PP -eso, ahora, no toca- sino para afianzarse en el PSOE tras su ajustada victoria sobre Carme Chacón y la desilusión de los más jóvenes del partido que se enfrentan a "más de lo mismo".

Por eso, en el entorno de Rubalcaba se ha pensado en Baltasar Garzón, como la estrella, un revulsivo, con tirón popular entre la progresía, que es lo que representa el rubalcabismo.

A nadie se le oculta que sería un bis de la operación Felipe González en los años ochenta-noventa, cuando le situó el segundo en las listas electorales, justo detrás de él, para luego dejarle tirado en cuanto ganó las elecciones. Garzón se volvió a su juzgado y comenzó a investigar los GAL.

Pero aquello está olvidado y Rubalcaba ha hablado de los tiempos en que "luchábamos juntos contra ETA".

Ojo, como juez condenado por prevaricación no puede ejercer desde los tribunales y no hay sitio en el Partido ni en las instituciones para él. Ahora bien, sí lo puede haber en una universidad, en alguna de las fundaciones controladas por el PSOE o como estrella mediática en el grupo PRISA.

No, no se puede plantear ya mismo debido a que falta la sentencia del caso más morboso: el del Franquismo, que es, precisamente, quien le otorga la aureola progresista en España y en Iberoamérica. Si fuera condenado, aún se podría jugar mejor con su papel de víctima de la reacción.

Y en cualquier caso, aunque Garzón no se incorpore siempre podrá ser el referente del PSOE: el juez progre para el partido progre.

Por su parte, el tercer caso Garzón, el de los presuntos sobornos de Emilio Botín, preocupa y mucho, en Santander y BBVA. El Santander, en principio, ha sido absuelto, por prescripción del delito, pero los sumarios se saben dónde empiezan pero no dónde acaban. Y no olvidemos que Garzón tuvo su parte en el caso Banesto, que no llegó a nada. Además, la acusación particular podría aprovechar una condena para reactivar las demandas contra Emilio Botín.

Y en cuanto a Francisco González, el presidente del BBVA también está preocupado: no olvidemos que patrocinó con 200.000 euros al juez tras haber incoado Garzón la causa por la que FG se quedó como presidente único del BBVA tras expulsar a Emilio Ybarra y a todos los BBV del banco. Y, naturalmente, Emilio Ybarra fue absuelto pero el objetivo ya había sido conseguido.

Eulogio López

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