Decía Chesterton que control de natalidad no es más que una natalidad absolutamente descontrolada y siempre menguante.

La Unión Europea ha pergeñado un acuerdo con Grecia, en la macrocumbre del jueves, que ha dado en llamarse "impago controlado", que significa descontrol total de los pagos.

Las puñeteras agencias de riesgo aseguran que, se pongan como se pongan, el impago controlado no es más que un "default" como una casa. Lo cual es bello e instructivo, porque nos demuestra que hasta los Moody's y compañía pueden decir algo con sentido. Me temo que tienen toda la razón.

Lo más importante es que a Grecia se le reduce el coste del primer rescate del 4,5 al 3,5%. No es que el prestamista se apiade del prestatario sino que si le achucha más sabe que no pagará nada.

Luego está la coña de la refinanciación, otro eufemismo maravilloso: el Tesoro griego no tendrá que devolver lo prestado en 7,5 años sino en 15. Es decir, que no tendrá que devolver al capital hasta esa fecha pero deberá pagar más intereses a lo largo del tiempo. Al final, el rescate habrá salido más caro. El diario Expansión, líder entre los económicos españoles, titula: "Salvavidas para Grecia". Sí, pero salvavidas de plomo.

Desde una lógica financista -puñetera lógica- sería mucho más lógico declarar el impago y que los inversores públicos y privados tuvieran que conformarse con recibir menos de lo que esperaban, dado que ya han recibido mucho. En definitiva, que la deuda griega quebrara, como debería quebrar cualquier entidad bancaria en quiebra. Por decirlo de otro modo, la economía financista actual sólo tiene una alternativa: o la quiebra de una vez por todas o los impagos controlados que perpetúan la agonía del enfermo. Como no hablamos de personas, sino de instituciones, abogo por la eutanasia (perdón, sedaciones internas), es decir, por la quiebra. Es más, admito apuestas: los mercados se tranquilizarán durante un mes -quizás porque los intermediarios claves se van de vacaciones- y luego volveremos a las andadas.

Encima, se no anuncia, como parte del acuerdo, que el Fondo Europeo de Estabilidad Europea (FEEF) abra línea de crédito

No obstante, en toda esta locura financista, parece que despunta a sensatez. Por ejemplo, en la cumbre alguien habló de un Plan Marshall para Grecia. No se ha llevado a cabo, claro, pero ya es algo que alguien lo cite. En efecto, se trata de volver a la Europa de la solidaridad, la ideada por los padres fundadores que, por pura casualidad, eran todos cristianos consecuentes (practicantes, que le dicen). Es decir, no se trataría de ayudar a los inversores -especuladores- en deuda griega sino de ayudar a los griegos, a través de un presupuesto comunitario común, donde los más ricos aporten más. Así se hizo en Europa hasta Maastricht, hasta que los mercados financieros impusieron su ley de usureros.

Y esta idea se está abriendo paso, no sólo entre los políticos europeos sino entre los banqueros. Por ejemplo, de Plan Marshall hablaba en la mañana del viernes María Dolores Dancausa, consejera delegada de Bankinter, al tiempo que le aseguraba muy corta vida al acuerdo financista de la UE tomado el jueves.

La segunda solución al problema del euro: la adoptada por Francia a Italia, que han elevado a rango constitucional la obligación del déficit cero (hay deuda hoy porque hubo déficit ayer). Y ni tan siquiera esto basta, dado que la deuda ya asumida hay que pagarla, por lo que los ingresos de los gobiernos deben superar a los gastos.

Ahora bien, tampoco el déficit cero es la solución. La nueva Europa debe poner a los políticos un límite sobre los ingresos, es decir, sobre lo que les sacan a los ciudadanos en impuestos. La razón de esto es sencilla: una familia condiciona sus gastos a sus ingresos, no al revés, porque los ingresos son menos flexibles. Si los padres cobran 10, no van a cobrar mañana 100. Los Estados igual: ni nos conformamos con exigir a los políticos el déficit cero, su tendencia natural será a freírnos a impuestos estrangulando así el crecimiento económico.

Por lo demás, todo en orden en la Unión Europea. Por lo menos durante las próximos 30 días.

Eulogio López

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