Recogemos los casos diarios de violencia de los pobres vulnerables: el último ayer lunes, Oyasi O. y Frank O. amenazan con cuchillos a los propietarios de la vivienda que okupaban, tras ser desalojados.

Y hoy martes recordamos el caso que contamos hace unos meses. De amiga a inquiokupa, el caso de Jacqueline Guillén, una mujer de 36 años que estaba al borde de dormir en la calle, porque su hasta ese momento amiga, Petronila, okupaba su casa. 

"Lleva meses de impago y yo estoy hasta arriba de deudas. La única opción que me han dado los servicios sociales es un albergue y el comedor social; si no estoy allí es porque una amiga me deja dormir en su sofá", aseguraba Jacqueline que sufre una urticaria nerviosa y había perdido peso y que solo podía levantarse con antidepresivos y dormirse con ansiolíticos.

"Me daba pena porque ella lo estaba pasando mal, pues su hijo vivía en Paraguay porque le habían quitado la custodia", por lo que le alquiló un local que tenía reconvertido en vivienda en la zona de Hortaleza. Fue durante la pandemia, y es que ella estaba en Londres, por lo que decidió ayudarle. Cuando Jacqueline volvió de Londres a comienzos de 2024 se quedó sin empleo y recibió una carta del abogado de Petronila en la que se negaba a cancelar el contrato. 

A finales de noviembre, Jacqueline le envió una cancelación de contrato y le dijo que el 21 de diciembre tenía que entrar a vivir en su casa, la inquiokupa le contestó: "Los okupas no pagan. Mantengo mi postura de continuar en la casa. Tenemos contrato hasta el 9 de agosto de 2025. Entonces, te entregaré las llaves". Sobra decir, que nunca se fue y que se quedó como okupa. Es más, Jacqueline denunció que estaba subarrendando habitaciones.

Ahora Jacqueline ha recuperado su vivienda, ¿la justicia? No, la violencia okupa: su inquiokupa ha sido asesinada por su marido. A los 23.000 euros en deudas hay que sumarle que se ha encontrado su casa destrozada. 

Ha hablado con el programa En boca de todos, donde ha relatado la situación. "Nervios, tristeza y frustración" al ver el estado de la vivienda, que parece que no se ha limpiado en meses, y donde se ha encontrado rodapiés arrancados, pintadas en el suelo y luces quitadas.

Los familiares de la okupa asesinada han retirado sus efectos personales, si bien su hijo mayor ha manifestado su intención de permanecer en el inmueble. Para evitarlo, Jacqueline se ha remitido a la resolución judicial que reconoce su derecho a recuperarlo. El caso del crimen sigue abierto, aunque el sospechoso es la expareja de la víctima okupa, que se entregó y confesó los hechos.