
Una reciente reunión en el Vaticano permite albergar esperanzas de detener la profanación de la basílica Pontificia del Valle de los Caídos, una de las grandes cristofobias del Sanchismo.
Y es que se trata de una iglesia vaticana, sometida, por tanto, a los acuerdos Iglesia-Estado, no a una negociación cuasi particular, en la que el ministro de Justicia, Félix Bolaños, un hombre muy pío, ha tomado el pelo al cardenal-arzobispo de Madrid, José Cobo, quien, por otra parte, no tenía nada que negociar: el que debía negociar era el Nuncio de Su Santidad. Y recuerden la doble profanación: primero se empezó profanando a los muertos -no hablo de Francisco Franco, que no deja de ser un muerto más enterrado en el Valle- sino a los miles de cadáveres que reposan a la derecha de la nave central, republicanos y nacionales, a quienes los benedictinos han encomendado durante años y siguen haciéndolo. Mientras, la Jerarquía eclesiástica cruzada de brazos.
Al final, Bolaños le toma el pelo a Cobo y firman un acuerdo, tirando a repugnante, por el que el Estado usurpa la basílica pontificia reduciéndola a su mínima expresión y rodeándola de una así llamada "resignificación", mentirosa y blasfema. No, no destruimos la basílica pero la dejaremos reducida a su mínima expresión. No, no destruiremos la cruz más grande del mundo, porque no podemos, que si no... No expulsaremos a los frailes pero les recluiremos en algunas rincón chabolario del conjunto. ¿Veis cómo no somos tan malos?
Y monseñor Cobo, dale que te pego a firmar.
Pues bien, esperemos que el Vaticano pase ahora a primer plano.
Por cierto, el Valle de los Caídos, cada día más visitado por los católicos madrileños, ha servido, para otro descubrimiento: para despertar la sospecha de que el Papa León XIV vive rodeado de una guardia pretoriana que selecciona su agenda y sus visitas.
Se me dirá que eso ocurre con todos los Papas pero... todo es aceptable mientras no surja algún listillo empeñado, no sólo en seleccionar la agenda papal sino también la información que recibe el pontífice. Un listillo que, en pocas palabras, decida por su cuenta y riesgo, qué tiene derecho a saber un Papa y qué es lo que no hace falta que sepa. Por ejemplo, la chapuza de Monseñor Cobo en el Valle de los Caídos.









