Chesterton siempre recordaba que la mujer no se incorporó al mundo del trabajo en el siglo XX sino que en la sociedad medieval, el oscuro medievo, ya estaba incorporada. Y esto porque la empresa en la que trabajaba era la misma que la de su esposo: el hogar, unidad familiar y, al mismo tiempo, unidad de negocio, unidad de cariño y unidad productiva, donde todos eran empresarios y todos se construían su propia nómina. 

Sí, la Edad Media reinventó la triple ‘P’: propiedad privada pequeña. Sí, aquella que hace al hombre.

Luego vino la espantosa sociedad industrial, donde lo grande, y cuanto más grande mejor, asfixia a lo pequeño y donde, por tanto, la multinacional asfixia a las familias y las grandes corporaciones asfixian a los autónomos, pequeños agricultores y ganaderos, así como a los profesionales independientes.

La Sagrada Familia se compuso de tres personas: dos de ellas trabajaban para sacar adelante la empresa-hogar y el tercero aprendió de niño el oficio para mantener el negocio... y fueron más libres.

Así que ya lo saben: fabriquen ustedes su propia nómina. Sólo el Gobierno, a costa de subir los impuestos y ponérselo difícil, podría paralizarles. Eso es justamente lo que perpetra el Ejecutivo Sánchez con los 3 millones de autónomos españoles, a los que no deja de fustigar. 

A Sánchez no le gustan los autónomos porque no le gustan los hombres libres: no hay manera de controlarlos. Siempre es más fácil de controlar un proletario que un propietario. 

San José Obrero tampoco le gusta.