
Cuando hablamos de Naciones Unidas nos referimos a la casta de burócratas que trabajan para establecer el Nuevo Orden Mundial (NOM) y no para las naciones que les pagan su sueldo. Son funcionarios, naturalmente progresistas, para los que las normas morales y hasta la ley natural no son otra cosa que rémoras para el progreso.
Un ejemplo lo tenemos con el intento, cada día más explícito, de estos burócratas, dirigidos por el superfuncionario António Guterres, empeñado en legalizar y normalizar la prostitución.
Pues bien, como el sentido común aún reina en el mundo, resulta que muchas delegaciones, tanto de países soberanos como de la sociedad civil, se les han puesto enfrente. Friday Fax lo cuenta mejor que bien.
Y por cierto, a la ONU le gusta la prostitución -aquello huele a semen- y le encantará, en breve, la pederastia. Es la próxima etapa. Recuerden lo de Irene Montero, un espíritu muy de Naciones Unidas: un niño puede acostarse con quien quiera, mientras lo haga con libertad. Como si un niño o un adolescente fueran capaces de administrar su libertad sexual.
Insisto, primero normalizar la prostitución, luego normalizar la pedofilia. Donald Trump ha hecho muy requetebién en reducir la aportación financiera de Estados Unidos a la ONU: es lo que más les duele.









