Ahinoa Caballero fue víctima de una agresión por parte de su expareja en 2024, desde ese momento vive con dolor físico y psicológico permanente: "Estoy viva de casualidad", cuenta en una entrevista concedida a la web de 'Informativos Telecinco'.

Ahinoa tiene 28 años y vive a base de analgésicos opioides como la morfina o el fentanilo, por lo que ha tomado una decisión: pedir la eutanasia. Asegura no haberse sentido respaldada por las instituciones, tampoco por el sistema sanitario. Es más, su agresión sigue pendiente de juicio: hemorragias intracraneales, fractura longitudinal del peñasco izquierdo, en la base del cráneo, y una parálisis facial.

Tenía trabajo, pero los médicos forenses dicen que no es apta, pese a ello "el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) sin citarme, me dio el alta", esto hace que le denieguen las ayudas destinadas a mujeres víctimas de violencia de género porque, según le trasladó una trabajadora social, no cumplía los requisitos al tener empleo.

"Estos dos últimos meses han sido mortales. Ya no es solo el juicio; que me pidan volver a trabajar me está trastornando la vida. Mi vida es el hospital. ¿Cómo voy a trabajar?". Se suma que tiene una enfermedad pulmonar por la que necesita conectarse a una máquina para respirar cada tres horas y que su trabajo es como cocinera, pero tras la agresión ha perdido el gusto, por lo que no puede realizarlo. 

"No tengo salud ni calidad de vida. No quiero vivir arrastrada", por lo que, como decimos ha decidido pedir la eutanasia. La misma decisión que tomó hace unos meses Alida, una joven de Málaga de 25 años, que padece dos enfermedades neuroderegenerativas que no tienen cura. La eutanasia le ha sido concedida en noviembre, pero no le ha puesto fecha porque quiere cumplir "los más de 50 deseos que su madre ha ido anotando desde que era niña", para lo que, junto con su madre, ha emprendido una colecta. 

Ambas historias son terribles, no se cuestiona su dolor, pero sí la salida que damos como país, que dice mucho del punto en el que nos encontramos. No hemos aprendido, este mismo año fracasamos con Noelia, la joven de 25 años que solicitó morir... y no sólo RTVE, sino diputados, senadores, políticos y demás personalidades celebraron el fin de su lucha, es decir, su muerte. 

Somos un país enfermo, inmerso en la cultura de la muerte, que celebró que una joven de 25 años, "la más joven en España" como recalcó RTVE, pidiera morir porque no fuimos capaces de ayudar, ahora repetimos la historia con otros dos casos. Todo sea por el progresismo. 

Este es un nuevo ejemplo del plano inclinado o pendiente deslizante de la eutanasia, muy difícil de parar, que provoca que la vida no tenga ningún valor. España ha sido el último país en aprobar la eutanasia, por lo que podemos echar un vistazo a qué ocurre con nuestros colegas criminales del resto de países y adivinar cómo acabaremos, porque empezamos a ver el futuro en el presente. 

Con la eutanasia siempre se va a más. Se empieza permitiendo la eutanasia sólo en casos excepcionales y por voluntad propia, pero se termina aplicándola sin restricciones, a cualquier persona e incluso en contra de su voluntad, y de manera especial a los más débiles y vulnerables: enfermos mentales, ancianos, discapacitados sobre todo intelectuales.