¿Cómo podré, Señor, querer quereros?
¿cuánto deseo por poder serviros?
¿qué lágrimas, qué efectos, qué suspiros
derramaré, tendré, daré por veros?
 
¿Qué requiebro diré para moveros
y de tantas ofensas divertiros?
¿Cómo podrá mi alma recibiros,
siendo tan imposible mereceros?
 
¿Cómo las tiernas quejas, que os envío,
podrán, Jesús dulcísimo, obligaros?
¿Mas qué os pregunto yo? ¡qué desvarío!
 
Amaros quiero ya, no preguntaros,
porque el modo de amaros, Jesús mío
Bernardo dice que es sin modo amaros.