Vivimos en un país en ebullición, y pese a los altos grados, el ruido se hace ensordecedor pero sin atinar el rumbo. La ansiedad por eso se está apoderando de todos nosotros. Veamos:
Tenemos en ciernes un nuevo episodio de epidemia y de otra crisis más. No aprendemos del pasado, vuelve la disputa de competencias, mientras el virus amenaza con expandirse. Los muertos -como en tantas ocasiones- no tendrán dueños. Para tapar la cosa, se festejan cosas. Ejemplos haylos. En Mercosur, ganan los industriales alemanes y pierden los agricultores españoles. Otra vez más nos han llevado al huerto. Andan recorriendo España en otro Peugeot un club de menopáusicas para hablar de sofocos y sexo, al mando de una tal Masi no Messi. Falta nos hace, porque junto con la sociedad gastronómica que uno iba a fundar con tan alegórico nombre “El Gatillazo”, la promiscuidad de los del baby boom está en caída libre. Menos mal que la selección de la UCO con los monclovitas Abalos, Koldo, Cerdán, Torres y Tito Berni revierten las estadísticas con las señoritas del Parador. Al menos estos van de frente, no como en las saunas gays de Begoña, que abusan de cámaras ocultas y de la propulsión por popa. Como ven, la sociedad civil está en plena ebullición, pero para lo que interesa. Con tanta corrupción y degradación democrática preferimos desgastar el sofá del salón. Ahora el quinto poder se anima a salir a la calle y convocar una manifestación el 23 de mayo que la secundarán los de siempre sin alergia al smog.
“STOP Cáncer” es el lema, pero el CNIO es un búnker en 4D: de despropósitos, despidos, desvíos y despilfarros de chistorras para todo menos para parar los pies al cáncer. Barbacid se merece el Premio Nobel pero en España le tratamos como un indigente científico. Así nos va. Una ministra del ramo que falsea CV, pasea sus 3M y su único logro, aparte de universalizar las migajas de la sanidad y recortar tratamientos, es poner en huelga a los sanitarios. El mejor aval para concurrir contra Ayuso.
Por si no fuera ya triste estar a la cola de Pisa, ahora llevamos Mossos de Escuadra vestidos de paisano a escuelas catalanas. ¿La letra con sangre entra? A los políticos les pasa como a los mayores que padecen Presbiacusia: la sensación de que los demás murmuran que aparece con la edad. Tanto murmurar y no atinan en la diana. A los españoles nos pasa lo que escribía Maquiavelo: "Resulta fácil convencer a los pueblos, lo difícil es tenerlos convencidos". Por ello no es exagerado estimar que si Sánchez sobrevive a la corrupción -como buenokupa-, seremos la antítesis de la esperanza democrática.
Ah, pero lo mejor para el final. Gerona se queda sin socorristas/filólogos para las playas por no saber catalán; los ahogados pueden descansar en paz. Y la flotilla de Barcelona con rumbo a Gaza ha sido interceptada por la Marina de Israel e incautado su cargamento: condones y droga. Lo que urge para salvar “Free Palestine”. De expulsar a los moros en la Reconquista a traerlos de vuelta a casa. Y mientras tanto, Ceuta y Melilla se nos caen a cachos que no aguantarán ni con alquileres gratuitos. Pero virar y ondear bandera en el estrecho de Ormuz por la misma proclama, no se atreven ni para sacar de lejos las vuvuzelas. Guantánamo les haría hueco.
Nos cuentan que a la ministra de Deportes Tolón le sobran los hombres (en el fútbol) pero nos faltan buzos socorristas. Para inmersión vírica, Fernando Simón, que como con el Covid es rotundo cuando aclama que el “Hantavirus (del crucero) no será riesgo para España”. No se alarmen y suspiren. El comité de expertos fingido tiene el máster del universo con las cepas, sea de los Andes, Wuhán o Trujillo.
Como dice el filósofo de la risa Castrany, el humor es el oxígeno de nuestra decrépita democracia. Ay, con tanto mar vacío y España despoblada y que nos empeñemos en congestionar las urbes. Luego reivindican calidad de vida, jornada reducida y conciliación. Memos somos y hasta contar sabemos. El champú se me gasta. Queden vds con Dios, porque en el G20 ya no nos esperan.










