
Avanzada la tarde del penúltimo sábado, estaba yo leyendo tranquilamente un buen libro cuando sonó el móvil de mi mujer. Era su madre para decirle que “en la televisión estaba hablando María Corina Machado, rodeada de muchísima gente”.
Mi mujer le hizo caso a su madre, y yo cerré el libro y miré a la pantalla, pues, amén de haber seguido con interés todas las noticias sobre Venezuela por un natural amor a la justicia y por compasión hacia los sufrimientos de ese pueblo, tenemos buenos amigos venezolanos.
Tras observar que, en efecto, estaba rodeada de una multitud enfervorizada y que ella hablaba con gran energía y convencimiento, puse atención en lo que iba diciendo. Las primeras palabras que escuché fueron: “porque esta es una lucha espiritual, una lucha entre el bien y el mal…”. Luego pasó a otras proclamas, y yo me quedé pensando que por fin alguien se había enterado de la clave hermeneútica primordial para entender los sucesos de la actualidad. Y me acordé de Dostoievski: “La historia de la humanidad es la historia de la lucha entre el bien y el mal que se produce en el corazón de cada hombre”. Y también de mi admirado Léon Bloy: “Cuando quiero saber las últimas noticias, leo el Apocalipsis”.
Después me vino a la cabeza la idea de que esa frase de Corina no iba a ser recogida por los resúmenes de los telediarios, ni por los medios escritos del día siguiente, ni por los opinadores de las tertulias televisivas. Desgraciadamente, mis sospechas se verificaron.
Entonces, comencé a recordar muchas de las cosas que he escrito en libros y artículos académicos sobre la desinformación y la manipulación informativas. Lo último, en Infoética. El periodismo liberado de lo políticamente correcto.
En realidad, ese “progresismo” es uno de los mayores oxímoron que se ha inventado, pues no significa otra cosa que el regreso a la barbarie y a la irracionalidad
Seguí recordándolas al ver, oir y leer las informaciones sobre la Cumbre de parte de los dirigentes políticos más nefastos y bárbaros del mundo, organizada en Barcelona por Pedro Sánchez, bajo los auspicios de Alexander Soros, aunque el protagonismo de este último, a pesar de ser visible y evidente, fue silenciado por los medios.
Además de pensar en este y otros ocultamientos deliberados, que es la principal forma de manipulación mediática, entre las treinta y siete que he recogido en mis escritos académicos, consideré con pesar, de nuevo, en la costumbre inveterada de los medios tradicionales liberales, conservadores, e incluso católicos, de aceptar el lenguaje del enemigo y, una vez más, ni siquiera han puesto comillas al término “progresista”.
Es normal que los organizadores y los participantes se hayan bautizado con el nombre de “progresistas”, tras la manipulación de base que, como también he explicado, siguiendo a Ratzinger y Chesterton, fundamentalmente, ha consistido en dotar a esta palabra de un significado mágico, que engloba todo lo positivo, y sustituye y se enfrenta a los “arcaicos” conceptos de bien, verdad, y justicia de la tradición epistemológica y ética de la civilización occidental. Y cuya invocación y apropiación les sirve para cometer todo tipo de tropelías, al considerar ellos mismos que ese progreso es “el lado bueno de la Historia”.
En realidad, ese “progresismo” es uno de los mayores oxímoron que se ha inventado, pues no significa otra cosa que el regreso a la barbarie y a la irracionalidad, con métodos sofisticados y tecnología punta. De ahí que yo lo defina siempre, como Usted ya sabe, como “regresismo”.
Por eso me alegró que el director de Hispanidad, en su información sobre esa pretendida Cumbre progresista mundial, no la denominara así, sino que la tildara, con precisión quirúrgica, de Aquelarre. No en vano, Eulogio López fue de los primeros periodistas españoles que se dieron cuenta de la trampa farisaica que supone el progresismo y escribió sobre ella.
En efecto, y aquí conectamos con lo de la lucha espiritual de la que hablaba María Corina Machado, los que se reunieron en Barcelona fueron varios de los dirigentes que quieren volver a la barbarie y la irracionalidad antihumana y anticristiana, mientras se enriquecen expoliando a sus ciudadanos y satisfaciendo su vanidad y sus ansias de poder. Si cualquier persona estudia los hechos de estos personajes (“por sus obras los conoceréis”) no encontrará más que desprecio y odio a Cristo y a los cristianos, a la verdad en todos sus ámbitos, a la ley natural y divina, y a sus propios conciudadanos.
Curiosamente, esos dirigentes se han hecho fraudulentamente con el poder en varios de los países de mayoría católica: Brasil, Mexico, Colombia, España… Y eso que, gracias a Trump (que, a pesar de cometer algunos errores flagrantes, también hace cosas buenas), no acudieron ni Kamala Harris ni Nicolás Maduro.
El hecho de esa lucha anticatólica evidente (el que algunos líderes, como Biden en su momento, se hayan declarado católicos y hayan sido adalides de la anticultura de la muerte, no es más que la confirmación de que los fariseos actuales siguen comprando a los nuevos Judas) me recuerda a lo que Joseph Ratzinger, en representación de Juan Pablo II, ya gravemente enfermo, le preguntó a varios obispos españoles en visita ad limina en Roma: que si sabían que la masonería internacional había elegido España como campo de experimentación prioritario. Y parece ser que no se habían enterado.
Pero también la lectura del Apocalipsis, así como las apariciones de la Virgen María en los últimos siglos, nos confirman la Esperanza cierta de que Dios, a su debido tiempo, podrá con todo y con todos
Y me temo que, a tenor del caso del Valle de los Caídos y de otras intervenciones “gloriosas” de la Conferencia Episcopal Española (CEE), aún no se han enterado. Como me decía un buen amigo que no tiene pelos en la lengua: “Hay que dialogar con todo el mundo, menos con los lacayos del diablo, pues te van a engañar siempre”.
Todo lo que venimos diciendo y sugiriendo, está ya contemplado en el Apocalipsis, para quien sabe leerlo. Por ejemplo, uno de los que mejor lo interpretó, el genial sacerdote e intelectual argentino Leonardo Castellani, nos dio, con mucho anticipo, la clave para entender por qué Alexander Soros hizo de anfitrión en esa cumbre precitada. Como el texto del que lo saca y su explicación es larga, resumo: en el periodo final de la Historia, antes de la Segunda Venida de Cristo, el comunismo y el capitalismo se unirán para ir contra Cristo y, por ende, contra los cristianos.
También sirve para entender el actual sistema chino, las contradicciones de la Unión Europea y otras “fruslerías” por el estilo, como el intento de aumentar la población musulmana en España y privilegiarla en detrimento de la identidad católica de nuestro país.
Pero también la lectura del Apocalipsis, así como las apariciones de la Virgen María en los últimos siglos, nos confirman la Esperanza cierta de que Dios, a su debido tiempo, podrá con todo y con todos; que Su Madre Santísima y Madre nuestra aplastará la cabeza del dragón infernal y que su Inmaculado Corazón triunfará.
No es baladí que María Corina Machado repartiera e intercambiara rosarios con los compatriotas que la abrazaban en aquella feliz tarde sabatina en Madrid.










