
Lo más espectacular, el mayor logro, de los siete días que el Papa ha pasado en España en viaje apostólico ha sido contemplar en silencio, en la Castellana el pasado sábado por la noche, a miles de jóvenes en una actividad tan ‘aburrida’ como adorar a Cristo sacramentado. La hora santa es la que menos sentido tiene retransmitir, porque la adoración consiste en sentarse ante el Santísimo expuesto en la custodia. Nadie habla y es la expresión de Soledad, que no es soledad, hay silencio, que no es silencio porque es charla interior. Pero insisto, no hay palabras, no hay música. Lectura meditativa del Evangelio. Esta es la gran novedad y el grandísimo éxito de un Papa que, simplemente, reza. Resulta que a los jóvenes les gusta adorar al Santísimo Sacramento.
Dejando a un lado el ridículo de la compañía Iberia (propiedad de IAG), que pone en Tenerife un avión con problemas técnicos, que, ya con el Papa, su séquito y los periodistas dentro, asegura que tiene una incidencia técnica. Al final nos enteramos de que un motor no funciona. El consejero delegado de IAG, el español Luis Gallego, se ha lucido.
El Rey de España le presta su Falcon al Papa y pide otro Falcon a Madrid. Un numerito que no mejora el prestigio de España. A ver si resulta que el ministro de Transportes, el insultón de Óscar Puente, además de incompetente, es gafe.
Pero sigamos con el balance del viaje Papal:
Un éxito del Papa, pero no nos engañemos: las cosas no van bien en la Iglesia española. España sigue siendo tierra de misión, el país más católico del mundo se ha vuelto cristófobo.
León XIV dijo lo que tenía que decir, en Madrid, Barcelona y Canarias, y exhibió dos armas poderosas: la mencionada adoración eucarística y el Santo Rosario, que rezó durante su visita a la Moreneta.
¿Y los obispos? Mucho me temo que se han centrado más en ganarse la aprobación de León XIV que en cambiar sus políticas para adecuarse a sus palabras. Al igual que los políticos, los obispos españoles no parecían escuchar a un maestro sino buscar un aliado y casi una coartada
Al tiempo, con su mezquindad habitual, el Gobierno ha intentado el peor de los sabotajes: ahogar al Papa en elogios. En el caso del ególatra Sánchez, que no tiene abuela, elogios compartidos consigo mismo. La derecha, por su parte, continúa en su tibieza. Y no sé si prefiero al cristófobo que al tibio, al que el Hacedor está para vomitarle de su boca.
¿Y los obispos? Mucho me temo que se han centrado más en buscar la aprobación de León XIV que en cambiar sus políticas para adecuarse a las palabras del Papa. Al igual que los políticos, los obispos españoles no parecían escuchar a un maestro sino buscar un aliado y a veces, una coartada.
¿Y el Rey? Hombre, recibir al Papa en tu país con una alusión a los abusos clericales, es decir, a la insufrible exageración sobre la pedofilia clerical, absolutamente mínima... fuerza a hacer preguntas sobre el Rey.
Que no, que la situación de la Iglesia española es penosa. Con esperanza hay que verlo porque estamos hablando del Cuerpo Místico de Cristo, cuyo futuro depende de Cristo al 100 por 100, pero Dios ha querido operar a través de la libertad humana y el alejamiento de la sociedad española de Dios ha provocado un... envilecimiento de ópera a través de la libertad del hombre.
Ahora cada cual, todos y cada uno de los españoles debe decidir si, tras los discursos del Papa, cambia o no cambia, y si, con ello, España recupera su personalidad católica o continúa el nihilismo triste y aburrido que nos domina.
Ahora cada cual, todos y cada uno de los españoles debe decidir si, tras los discursos del Papa, cambia o no cambia, y si, con ello, España recupera su personalidad católica o continúa el nihilismo triste y aburrido que nos domina
Más balance: empezando por el final, y aludiendo a la reiteración con la que este pontífice habla de unidad, en la Iglesia, en el mundo, entre las razas, unidad alrededor de la misericordia divina, y dada la división uno llega a pensar si no llegará un momento en el que Prevost se verá obligar a elegir entre la unidad y la verdad. Y tendrá que elegir la verdad y entonces tendrá que afrontar quizás no uno, sino varios cismas.
Más. En el discurso ante el Parlamento habló de concordia y en los días en que se estaban insultando con mayor firmeza habló de los principios no negociables de Benedicto XVI: vida, familia, libertad de enseñanza y bien común.
Emigración: es inútil intentar que este Papa caiga en la trampa maniquea de cómo sufren los inmigrantes y de que todo aquel que discrepe de las regularizaciones masivas es un fascista.
Recuerden, dice el Papa: la emigración es mala, porque cada cual debe desarrollar su vida allá dónde tiene sus raíces. Dos: un país tiene derecho a decidir quién entra en su territorio y, sobre todo, cuántos entran. Tercero: las dos premisas anteriores no implican que la obligación de un católico sea recibir al inmigrante y ayudarle a integrarse.
Las premisas del PSOE no cumplen ninguna de las tres: insistimos, reparte bocatas y papeles pero no integra a nadie.
La Iglesia no es una ONG. Es más, habla el Papa de una espiritualidad eucarística. Esperemos que los católicos lo hayan entendido.
A este hombre no le engañan. Pilota bien la barca de Pedro pero sí tengo que señalar un defecto, digo, su virtud de intentar mantener la unidad a toda costa. En efecto, a lo mejor algún día se ve obligado a sacrificar la unidad por la verdad. Esperemos que no.









