Las grandes corrientes de pensamiento evolucionan lentamente y siempre en el recorrido que lo hace un péndulo. Las líneas de pensamiento secularizado, alejadas de Dios, que caracterizan a Occidente desde el siglo XIX, van dando pendulazos y arrastran al ser humano a la desesperación y a la muerte. Solo necesitamos hacer un breve recorrido por la historia de estos últimos 250 años.

Pero hay algo que caracteriza el cambio de los signos justo antes de perder su influencia, y es que suelen mostrar síntomas de agotamiento como son las contradicciones internas, la incapacidad de respuesta a los problemas y el distanciamiento de la propia ideología en sí respecto a la realidad social criada a sus pechos. Y esto es lo que hoy, quizá, estemos contemplando en Occidente.

Esa fue la gran intuición de Sir Roger Scruton, hace más de una década, cuando todos los poderes fácticos del momento -política, prensa y academia-, parecían ir en una única dirección. Entonces Scruton fue el único que parecía ver el elefante en la habitación y cometer la osadía de hablar del desgaste de la hegemonía progresista. Cuando lo hizo, no lo hizo desde un discurso profético, sino a través de un análisis filosófico basado en una idea sencilla: ninguna ideología puede imponerse indefinidamente si entra en conflicto con la naturaleza humana.

Roger Scruton (1944-2020), filósofo, escritor, editor y activista cultural, publicó más de cincuenta libros. Defensor de la libertad intelectual y del patrimonio moral de Occidente, colaboró discretamente con los movimientos disidentes de la Europa comunista y se convirtió en uno de los intelectuales conservadores más influyentes de las últimas décadas.

Cometió la osadía de hablar del desgaste de la hegemonía progresista. Cuando lo hizo, no lo hizo desde un discurso profético, sino a través de un análisis filosófico basado en una idea sencilla: ninguna ideología puede imponerse indefinidamente si entra en conflicto con la naturaleza humana

Paradójicamente, quien denunció durante años los riesgos del pensamiento único, terminó siendo víctima de él. En 2019 fue objeto de una campaña de descrédito tras una entrevista publicada de forma parcial y descontextualizada en The New Statesman, un conocido medio británico. El director del medio tergiversó las respuestas de Scruton en redes sociales y en el mismo medio. Cuando se conoció la grabación íntegra, y se descubrió la manipulación, le costó su puesto de trabajo y obligó a reconocer que muchas de sus declaraciones habían sido manipuladas, pero el daño ya estaba hecho.

El análisis agudo de Roger Scruton desde la filosofía y la observación de los hechos, se resumen en tres previsiones y dos extrapolaciones, que vamos a analizar someramente.

La primera previsión describe el desgaste de la hegemonía política progresista en Europa. Scruton sostenía que ninguna institución supranacional puede mantenerse indefinidamente si pierde el contacto con la realidad de los ciudadanos. La pertenencia —lo que él llamaba membership— no puede sustituirse únicamente por estructuras administrativas. Cuando aumentan la inflación, la presión fiscal, la deuda o la pérdida de competitividad, las sociedades buscan espacios más cercanos donde se sienta escuchada. Precisamente, el auge de ciertos partidos considerados hasta hace pocos años marginales, hoy denominados por el progresismo como ultraderecha, son un síntoma de esa búsqueda de representación y no únicamente como un fenómeno coyuntural.

La segunda previsión apunta hacia la reacción generacional frente al pensamiento único. Toda hegemonía cultural acaba generando una contracultura. Cuando falta debate real sobre las ideas, estas se convierten en dogmas sociales, y las nuevas generaciones reaccionan como siempre lo han hecho, rebelándose contra el autoritarismo incomprensible. Entonces Scruton advirtió que lo utópico tiene dificultades para aprender de sus propios errores, porque considera que cualquier crítica es una amenaza al progreso y hay que combatirlo hasta la cancelación. Esto explica el creciente escepticismo hacia el fenómeno woke y la búsqueda y recuperación de valores, símbolos o formas de vida que hace pocos años parecían definitivamente superados.

Cuando aumentan la inflación, la presión fiscal, la deuda o la pérdida de competitividad, las sociedades buscan espacios más cercanos donde se sienta escuchada. Precisamente, el auge de ciertos partidos considerados hasta hace pocos años marginales, hoy denominados por el progresismo como ultraderecha, son un síntoma de esa búsqueda de representación

La tercera previsión se refiere al ecologismo convertido en ideología. En Green Philosophy (2012), Scruton distingue entre el amor auténtico por la naturaleza y el uso político del discurso ambiental. Defiende que el verdadero cuidado del entorno nace del apego al lugar, de la responsabilidad personal, de la propiedad y de la comunidad, no de una burocracia cada vez más centralizada. Además, la crisis energética europea, con sus contradicciones y dependencias, ha reabierto un debate hasta hace poco cerrado. Y es que no niega la protección del medio ambiente, sino la crítica hacia determinadas políticas concebidas desde la ingeniería ideológica en vez de desde la realidad económica, social y tecnológica.

Las dos extrapolaciones, que las llamo así porque no han sido formuladas expresamente por Scruton, pero sí se deducen de la lógica de su pensamiento, son las siguientes.

La primera extrapolación afecta a la crisis demográfica. El caso de China y la política del hijo único, ilustra cómo las decisiones políticas que pretenden rediseñar aspectos esenciales de la vida humana terminan produciendo consecuencias difíciles de revertir. El envejecimiento acelerado, la caída de la natalidad y el desequilibrio generacional demuestran que hay límites muy graves cuando durante décadas ignoran la estructura natural de la familia y de la sociedad. Lo que dice de China, es el aviso a navegantes de lo que ya también sucede en Europa, y muy especialmente en España.

La última extrapolación, apunta hacia el renacimiento del cristianismo fuera de Occidente (esto tiene mucho que ver con la segunda previsión). Mientras Europa continúa cavando en la fosa de su secularización, el cristianismo experimenta un notable crecimiento en diversas regiones de África, Asia e Hispanoamérica. Scruton defiende que la dimensión religiosa responde a la necesidad permanente del ser humano, como el sentido de trascendencia, la pertenencia, el sufrimiento o la esperanza. Quizá por eso el centro de gravedad del cristianismo se esté desplazando precisamente hacia sociedades que descubren en el cristianismo la respuesta cultural y espiritual que Europa se empeña en despreciar.

Defiende que el verdadero cuidado del entorno nace del apego al lugar, de la responsabilidad personal, de la propiedad y de la comunidad, no de una burocracia cada vez más centralizada

Ninguna de estas cinco tendencias constituye una profecía ni garantizan que el progresismo desaparezca como corriente política o filosófica en breve tiempo. Lo que sugieren es que toda hegemonía tiene límites cuando deja de buscar el bien común.

Roger Scruton pensaba que las sociedades prosperan cuando respetan aquello que no han creado ellas mismas como la familia, la comunidad, la nación, la libertad y el patrimonio moral recibido. Tal vez, el legado más valioso que nos ha dejado es recordarnos que las ideologías pasan, pero la naturaleza humana permanece. Y que toda construcción política que pretenda ignorarla acaba encontrando, antes o después, el límite que la propia realidad le impone.

Tres propuestas especiales de Roger Scruton:

El alma del mundo (Rialp), de Roger Scruton reivindica la dimensión sagrada de la existencia frente a una visión puramente científica del ser humano. A través del arte, la música, la arquitectura y la literatura, muestra que la belleza, la conciencia moral y las relaciones humanas apuntan hacia una realidad trascendente que la ciencia no puede explicar. Un ensayo filosófico que invita a redescubrir el valor de lo sagrado.

Filosofía verde (Homo Legens), de Roger Scruton propone una alternativa al ecologismo ideologizado y al capitalismo depredador. Defiende una ecología basada en la responsabilidad personal, el arraigo y el amor por el lugar que habitamos. Sostiene que proteger el medio ambiente exige recuperar el compromiso de las personas y las comunidades, más que confiar únicamente en normas, tratados o decisiones impuestas desde las instituciones.

Usos del pesimismo (Ariel), de En esta ocasión, Roger Scruton cuestiona el optimismo ingenuo que domina nuestra época. Advierte de que confiar ciegamente en el progreso o en la igualdad absoluta conduce a expectativas irreales y, cuando estas fracasan, alimenta el resentimiento. Un ensayo que reivindica el realismo, la responsabilidad y el valor de las instituciones como pilares de una convivencia verdaderamente libre.