Hace unos días, un amigo al que le gustó mucho mi último artículo me escribió un “guasap” diciéndome que “los científicos afirman que un innovador experimento con luz demuestra la resurrección de Jesús”. Y me enviaba el enlace al medio inglés que recogía esa investigación.
Yo le contesté, raudo como una centella, que “la Resurrección de Jesús está demostrada desde hace mucho. Pero bienvenida una prueba más, aunque los que aún no creen no creerán ante ninguna prueba, ya que ni quieren saber ni creer”.
Él, igual de rápido, solo escribió: “Sí, cierto”.
Tras ese intercambio fugaz, me dio por meditar esas afirmaciones. Y recordé esa gran trilogía literaria del recientemente fallecido Vittorio Messori, a mi entender el último gran apologista laico católico, que comienza con “Hipótesis sobre Jesús”, continúa con “Padeció bajo Poncio Pilatos”, y acaba con “Y al tercer día Resucitó”, que, lógicamente, es el que más rememoré.
De esos libros y de los otros que escribió, singularmente de “El gran milagro” y de “Hipótesis sobre María”, me encantaría poder escribir largo y tendido, pero ahora no tengo más remedio que limitarme a aconsejarles vivamente su lectura.
Después, respecto a la otra afirmación, recordé que la actitud humana que más me ha impresionado siempre es la negativa cerril de tantos y tantos bien a no querer saber la verdad, bien a aceptarla, aunque sea evidente.
Y esto se da en todos los ámbitos de modo generalizado. Pero, por lo que nos atañe ahora, uno de los ejemplos más claros de este empecinamiento lo encontramos en los jerarcas del Templo de Jerusalén con respecto a Jesucristo. El Señor sabía que su amigo Lázaro estaba muy enfermo. Y no lo curó, ante la estupefacción de sus hermanas y de los discípulos, que no entendían que sanase a todo el que se lo pedía con fe y a su gran amigo, no. También sabía la hora de su muerte, y que todos los grandes de Judea irían a su entierro. Pero Él deliberadamente no fue. Esperó cuatro días. Y se las apañó para que, cuando Él se presentara ante la tumba de su amigo, estuvieran allí sus enemigos. Tras el gran milagro, que sólo un Dios podía hacer, aunque unos pocos creyeron en Él, los mandamases decidieron matarlo…
Y ante el hecho del oscurecimiento repentino del firmamento, de los terremotos, del rasgado del velo del Templo, y de las otras manifestaciones extraordinarias que sucedieron a la Muerte del Señor; ante su tumba vacía y los testimonios de todos los que Lo vieron Resucitado, se inventaron un relato falso y lo propagaron… hasta el día de hoy.
Hoy como entonces, los grandes de este mundo han construido un relato falaz y malvado que intentan inocular al pueblo a través de la manipulación educativa y mediática, que incluye la falsa información y la ocultación sistemática de la verdad, la ficción destructiva, el entretenimiento soez…
Pero hoy no pensaba hablarles del relato “regresista” y anticristiano, que intenta imponer el poder y sus satélites, de modo singular en nuestro país, sino de la necesidad de que los que, gracias a Dios, no estamos inoculados de esos virus ideológicos, y hemos celebrado con fe la Semana de Pasión, profundicemos en la Verdad, el significado y la sublimidad de la Resurrección de nuestro Dios y Señor. Pues si bien la Liturgia y el Catecismo de la Iglesia la tratan como el acontecimiento más importante y decisivo de la Historia de la salvación, tal consideración no ha calado aún en la mayoría de los cristianos y, por tanto, en la devoción popular.
Hoy como entonces, los grandes de este mundo han construido un relato falaz y malvado que intentan inocular al pueblo a través de la manipulación educativa y mediática
Los que hemos recibido la inmensa Gracia de haber leído el Catecismo, y de saber que lo más importante que ocurre cada día en el mundo es cada Santa Misa, y, por tanto, la vivimos cada día, somos conscientes de que, además de experimentar la maravilla de la Vigilia Pascual, la celebración de la Misa de Resurrección es, junto con la de Navidad, la más solemne del año, y en las dos únicas en las que, tras su celebración en el Vaticano, el Papa imparte la bendición Urbi et Orbi. Además, hemos asistido durante toda esta semana a Misas solemnes, pues estamos en la Octava de Pascua en cuya Misa hoy, por petición del propio Jesucristo Resucitado a Santa Faustina Kowalska, atendida por san Juan Pablo II, se celebra la solemnidad de la fiesta de la Divina Misericordia, por lo que es la Semana más importante del año, en la que, entre otras cosillas, más almas se lleva Dios al Cielo.
Pero quizás otros muchos creyentes que han acudido con devoción a las procesiones de la Semana de Pasión, han rezado y se han conmovido ante ese Amor infinito de Cristo en la Cruz, hayan vuelto a su vida habitual sin haber experimentado de la misma manera la Alegría de la Pascua, por no haberse celebrado con la misma solemnidad procesiones de la Resurrección de Cristo. Siendo así que esta es el culmen, la finalidad y el sentido de aquella muerte ignominiosa.
Como todos sabemos, San Pablo nos recuerda que si Cristo no hubiese resucitado vana sería nuestra fe. Y podemos añadir también que esa certeza de la Resurrección de Cristo es el principal motivo de la Confianza de cada uno en Él, de que, le digamos con fe y esperanza, “Jesús, confío en Ti”. Y esa confianza nos lleve a saber que, a poco o a mucho que cumplamos sus mandamientos, también nosotros resucitaremos por Él. Primero el alma y, al fin del mundo, también el cuerpo, rejuvenecido y glorificado.
Por otro lado, esa Confianza ha sido el fundamento de la fortaleza ante las adversidades o el martirio de tantos cristianos en todos los siglos.
Como hoy, de nuevo, hemos entrado ya en los últimos tiempos, en la última persecución a Cristo, en su doctrina y en los cristianos, incluso desde algunos sectores dentro de la Iglesia, esa Confianza en Cristo Resucitado y Resucitador es más necesaria que nunca. De ahí que gran parte de la Evangelización actual consista en recordar y vivir continuamente la Verdad Inefable de esa Resurrección, celebrándola pertinentemente.
Como todos sabemos, San Pablo nos recuerda que si Cristo no hubiese resucitado vana sería nuestra fe
En este sentido, ya hay algunos “brotes verdes”, pues en algunas ciudades han comenzado a celebrarse, o han vuelto muchos años después, las procesiones del Señor Resucitado; que, por fin, dentro de un año está previsto el estreno de la película de Resurrección, de Mel Gibson; este sábado ha tenido lugar la IV Fiesta de la Resurrección organizada en Madrid por la ACdP; y ha surgido una nueva devoción, el Vía Lucis, que, con la misma estructura del Vía Crucis, recuerda el gran acontecimiento de la Pascua y los que le siguieron después.
De esas y otras cosas les hablaré la semana próxima. Ahora me despido recordándoles únicamente que Cristo Resucitado vive en la Eucaristía, que es la prenda segura de la Gloria futura.
Feliz tiempo de Pascua de Resurrección.











