
El verano suele asociarse al descanso, los viajes, las comidas fuera de casa, los aperitivos improvisados, los helados y las bebidas en terrazas o chiringuitos. Es una época esperada, y por eso también un periodo en el que resulta más fácil relajar los hábitos alimentarios y acabar ganando peso o sintiéndose peor por culpa de los excesos.
“Sin embargo, disfrutar de las vacaciones no está reñido con mantener una alimentación saludable -apunta Elena de la Fuente Hidalgo, nutricionista clínica del Hospital Quirónsalud San José-. La clave no está en prohibirse todo, sino en elegir mejor, controlar la frecuencia de los caprichos y evitar que las comidas copiosas, los refrescos azucarados o el alcohol se conviertan en una rutina diaria”.

Hidratación sobre todo
Uno de los aspectos más importantes durante los meses de calor es la hidratación. El agua debe seguir siendo la bebida principal, especialmente cuando aumentan las temperaturas. Para reforzar esa hidratación, también resultan muy recomendables las frutas y hortalizas, así como preparaciones frescas como gazpachos, salmorejos ligeros o sopas frías. Son opciones sencillas, apetecibles y muy adecuadas para combatir el calor.
Las frutas, además, pueden convertirse en una buena alternativa para tomar a media mañana, a media tarde o como postre. En verano apetece comer algo fresco, y por eso conviene aprovechar la variedad de frutas de temporada. Incluso pueden prepararse en forma de polos o helados caseros, una opción más saludable que los helados industriales o los postres dulces, que deberían reservarse para un consumo ocasional.
También es importante no descuidar las cantidades. Algunos alimentos saludables, como los frutos secos, las legumbres, la pasta, el arroz o determinados platos más elaborados, pueden aportar muchas calorías si se toman en exceso. Un arroz, una fideuá o un plato único con pequeñas porciones de carne o pescado y verduras pueden ser una buena elección si se acompañan de ensalada y fruta, pero conviene evitar las raciones desproporcionadas.
Seguridad alimentaria
Las verduras deben mantener un papel protagonista en la dieta veraniega. Al menos una vez al día es recomendable consumirlas crudas, ya que así se aprovechan mejor algunas de sus vitaminas y minerales. Ensaladas, crudités, tomates aliñados, pepino, zanahoria o platos fríos con base vegetal permiten comer ligero sin renunciar al sabor.
En cuanto a las técnicas de cocina, lo más aconsejable es optar por elaboraciones sencillas: plancha, vapor, papillote o cocciones ligeras. También conviene vigilar los aliños, especialmente en las ensaladas, donde un exceso de aceite, salsas o ingredientes muy calóricos puede convertir un plato aparentemente ligero en una comida mucho más pesada.
Elena de la Fuente Hidalgo, nutricionista clínica del Hospital Quirónsalud San José: "La clave no está en prohibirse todo, sino en elegir mejor, controlar la frecuencia de los caprichos y evitar que las comidas copiosas, los refrescos azucarados o el alcohol se conviertan en una rutina diaria”
Otro punto relevante es el consumo de bebidas. Los refrescos azucarados deberían evitarse o limitarse al máximo. En su lugar, es preferible recurrir al agua, infusiones frías o, de forma puntual, bebidas sin azúcar. Las cervezas, tintos de verano y sangrías, aunque sean de baja graduación, también deben tomarse con moderación. Refrescan, pero no hidratan como el agua y pueden aumentar fácilmente el aporte calórico diario.
El verano exige, además, especial prudencia con la seguridad alimentaria. Las altas temperaturas favorecen el deterioro de algunos alimentos, por lo que hay que tener cuidado con mayonesas caseras, tortillas poco cuajadas, pescados crudos o productos que hayan permanecido demasiado tiempo fuera de refrigeración.
Por último, el buen tiempo puede ser una oportunidad para aumentar la actividad física: pasear, nadar, montar en bicicleta o practicar deporte al aire libre. Eso sí, siempre evitando las horas centrales del día y protegiéndose adecuadamente del calor.
En definitiva, el verano no tiene por qué ser una amenaza para la salud ni para el peso. Basta con aplicar una idea sencilla: disfrutar, sí, pero con moderación, hidratación suficiente y elecciones inteligentes.
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