El conflicto en Oriente Próximo ha vuelto a convertir la seguridad del suministro de energía en la principal preocupación de la Unión Europea. A diferencia de anteriores crisis energéticas, el problema no afecta únicamente al petróleo como materia prima, sino también a los productos refinados, especialmente al diésel y al combustible de aviación o queroseno, esenciales para el transporte, la logística y la actividad económica.

Refinería de Cartagena

 

Desde 2009 se han cerrado 35 refinerías en el continente, lo que supone una reducción del 20% de su capacidad para transformar petróleo en productos refinados como el gasóleo o el queroseno. La consecuencia es que buena parte de la demanda europea de estos combustibles se cubre con importaciones de regiones como el Golfo Pérsico, que hoy no pueden dar salida a sus productos refinados ante el cierre del estrecho de Ormuz.

España dispone de ocho refinerías operativas, que conforman uno de los sistemas de refino más eficientes y avanzados de Europa

La interrupción del comercio marítimo en esta región ha llevado a la Unión Europea a adoptar medidas para contener el consumo de combustibles y a varias aerolíneas a reducir el número de vuelos. Ante esta situación, las refinerías españolas han reaccionado retrasando paradas técnicas y operando a pleno rendimiento para aumentar la producción.

 

Uno de los sistemas de refino más eficientes de Europa

El sector energético español afronta este escenario desde una posición diferencial. Pese a que España carece de recursos propios de petróleo y gas, ha desarrollado en las últimas décadas un modelo basado en la diversificación de las fuentes de aprovisionamiento y en una sólida capacidad de refino.

En la actualidad, el sector importa crudo de cerca de veinte orígenes distintos, sin que ninguno supere el 20% del total, y dispone de ocho refinerías operativas, que conforman uno de los sistemas de más eficientes y avanzados de Europa, diseñado para transformar el petróleo y otras materias primas alternativas en productos esenciales para la sociedad.

En los últimos veinte años, España ha incrementado su capacidad de refino en torno a un 15%, situándose entre los países de la UE con mayor nivel de autoabastecimiento de productos petrolíferos

Mientras buena parte de Europa reducía su capacidad de refino y cerraba o reconvertía instalaciones, el sector industrial español siguió una estrategia distinta, centrada en la modernización y ampliación de su capacidad productiva. En los últimos veinte años ha incrementado su capacidad de refino en torno a un 15%, situándose entre los países de la UE con mayor nivel de autoabastecimiento de productos petrolíferos.

Las ocho refinerías operativas son capaces de procesar decenas tipos de crudo distintos, procedentes de múltiples orígenes. Esto permite al sector producir en torno al 80% del queroseno que consume, muy por encima de la media europea. En el escenario actual, disponer de capacidad de refino propia permite a España reducir la exposición al riesgo de desabastecimiento de productos finales y mitigar el impacto de la volatilidad internacional sobre su economía.

Refinería de Cartagena

 

Este posicionamiento es el resultado de las inversiones a gran escala realizadas por el sector del refino, que se han centrado en la ampliación y modernización de las instalaciones, así como en la mejora de la seguridad, la eficiencia y la reducción de emisiones. Las refinerías españolas han ganado así capacidad para adaptarse a cambios rápidos en el mercado internacional y priorizar productos clave cuando se producen tensiones en el suministro.

 

Un sector clave para la economía española

En España, la relevancia del refino se explica por una realidad estructural: el petróleo y el gas representan cerca de dos tercios del consumo de energía primaria. El peso es también muy alto en el transporte, que concentra el 40% del consumo final de energía, frente al 30% de la media europea, lo que convierte el suministro de combustibles en un factor crítico para la economía.

A todo ello hay que sumar la función del refino como soporte de otros sectores industriales. En torno al 50% de las materias primas que utiliza la industria química europea se producen en las refinerías, lo que refuerza su carácter estratégico para el tejido productivo.

La contribución del refino a la economía va más allá del suministro energético. Junto con la industria química, el sector representa en torno al 6% del empleo industrial

La contribución del refino a la economía va más allá del suministro energético. Junto con la industria química, el sector representa en torno al 6% del empleo industrial y genera aproximadamente el 7% del valor añadido bruto. Se trata, además, de empleos con niveles salariales superiores en un 40% a la media y con una fuerte inversión en formación, lo que refuerza su impacto en términos de competitividad económica y cohesión territorial.

La crisis del estrecho de Ormuz confirma al refino español como un activo clave para garantizar el abastecimiento energético y sostener la actividad económica en un entorno geopolítico cada vez más incierto.