El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tiene una especialidad: solemnizar lo obvio. Enfatizar la tautología. A partir de ahí, viene la estafa.
Ejemplo: "No a la guerra". ¿Tampoco a la guerra de Ucrania para defenderse de Rusia? ¿Verdad que la guerra de Zelenski sí es justa?
La obviedad, como la de "No a la guerra" no aporta mucho. Claro que todo el mundo está de acuerdo en la paz y no quiere la guerra, de la misma forma que todo el mundo está de acuerdo en tener comida y rechaza pasar hambre. Pero el problema real es cómo evitar la guerra y posibilitar alimentos.
Miren ustedes: hablar de guerras legales o ilegales un chorrada: hay que hablar de guerra justa o injusta. Y esto nos lleva a la brillante exposición de Juan Pablo II: "no hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón".
Traducido: no hay paz, aunque no se declare la guerra, si en el seno de Irán, unos fanáticos chiflados, los ayatolás y sus matones, llevan medio siglo masacrando a una población de más de 90 millones de personas, sin que la guerra legal, el derecho internacional o el multilateralismo hayan cambiado un ápice esa injusticia flagrante.
Y por cierto, no hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón... pero el perdón es para quien lo pide, porque sin arrepentimiento del ofensor, el perdón del ofendido no sirve para mucho. Desde luego, no sirve para obtener la paz.
Hay guerras justas y guerras injustas y si la paz se sostiene sobre una situación de injusticia permanente y permitida... entonces a lo mejor hay que acudir a la guerra, por muy lamentable que resulte.










