El presidente argentino Javier Milei pronunció ayer 23 de septiembre un discurso en la sede de la ONU en la que se despachó a gusto contra los "parásitos" de esta institución y cargó contra las políticas inútiles que desarrolla.
Estas son algunas citas literales del discurso:
"Hace 78 años esta casa declaró que todos los seres humanos nacen libres e iguales, en dignidad y derechos. Palabras nobles cuyo espíritu comparto plenamente. Y, para este fin, se comprometió a hacer respetar el derecho internacional, a defender la soberanía de las naciones y a ofrecer un foro donde los conflictos se resolvieran por la cooperación en vez de resolverse instantáneamente por las armas. Ese era el propósito original, el contrato que todos firmamos. Pero hoy, lamentablemente, es momento de reconocer que ese pacto sagrado en los hechos se rompió.
Esto es: se convirtió en una organización inútil que sólo sirve para alimentar una casta de parásitos, fatalmente arrogantes, disfrazados de burócratas bien intencionados. A lo que les recuerdo lo que decía Mises: “las buenas personas no piensan en controlar la vida de sus semejantes”. Quienes deberían garantizar la seguridad colectiva y los derechos humanos fracasaron en la tarea y en su lugar permitieron el caos, la violencia y el terrorismo internacional.
Los supuestos defensores de los Derechos Humanos apañaron a dictaduras sanguinarias y regímenes que lapidan mujeres en la calle. Votaron sistemáticamente en contra de Israel, mientras hacían silencio frente al terrorismo islámico y ante genocidios de cristianos en el África".
(...)
"Señor Presidente, así como les mostré cómo la ONU fracasó en cumplir con lo que debía hacer, ahora quiero contarles cómo sobresalió haciendo lo que nadie le pidió y que nunca debió hacer, porque en paralelo a este fracaso han montado un leviatán burocrático, abocado a decidir cómo deben vivir los pueblos del mundo y sus ciudadanos.
Esto constituye una mezcla curiosa de anarquía y tiranía, impotencia entre quienes rompen las reglas más básicas como dictaduras sangrientas y organizaciones terroristas, y un control e imposición orwellianas ante las democracias liberales que sí cumplen las normas. Lo vimos con la agenda del Nuevo Milenio. Lo vimos con la Agenda 2030, con la regulación económica, las agendas de género, el extremismo y ambiental, y la inmigración descontrolada.
Y, cada vez que fracasaron, en lugar de revisar el modelo o pedir disculpas, redoblaron la apuesta, como ya están haciendo ahora con la Agenda 2045, la cual, adelanto que va a fracasar.
Pero el ejemplo más grave, el que debería avergonzar a esta organización para siempre, es otro: es el manejo de la pandemia. Durante la pandemia, organismos que dependen de esta casa se antepusieron a la evidencia científica y a la soberanía de las naciones y promovieron en todo el mundo políticas de encierro forzado que destruyeron empleos, arruinaron la educación de una generación entera de niños y le costaron la vida a millones de personas que murieron solas, sin atención médica básica.
Donde algunos aducen un error de política sanitaria, nosotros vemos un experimento global de control social disfrazado de ciencia. Y cuando un Estado con anteojeras sanitaria le quita su población el derecho a trabajar, a educarse, a despedir a sus muertos y eso se traduce en millones de muertes evitables, hay una palabra para nombrarlo: genocidio".
(...)
"Nosotros creemos que la Argentina aún tiene una historia grande por delante. Y hemos decidido ir a buscarla. Que Dios bendiga a todos los pueblos del mundo. Que Dios bendiga la República Argentina. Que las fuerzas del cielo nos acompañen y ¡viva la libertad, carajo!".