
La decisión del presidente Trump ha tenido un profundo calado no sólo en el plano exterior, sino también a nivel interno, donde se barajaba cuál sería el impacto en la opinión pública estadounidense, cada vez menos proclive a aventuras militares en el exterior, máxime después de las desastrosas intervenciones en Iraq y Afganistán de George W. Bush, probablemente el peor presidente republicano de la historia, y del progresista Barack Obama en Libia, que sumió a la nación norteafricana en un caos absoluto, que aún perdura hoy por hoy.
Si bien la intervención de Trump se ha limitado fundamentalmente a la captura del sátrapa Maduro, frente a las operaciones de intervención militar masiva como Afganistán, Iraq o Libia, es una incógnita cómo resultará el plan estadounidense para Venezuela. Sin duda, definirá el legado trumpista en los próximos años, y muy particularmente el del secretario de Estado, Marco Rubio, arquitecto intelectual de la operación, y cuyo futuro político está ahora supeditado al devenir de los acontecimientos.
Por el momento, la opinión pública estadounidense está mejorando sobre el menester. Según un sondeo, antes de verificarse la captura, sólo un 21% de los americanos apoyaba una medida semejante, por un 47% que la rechazaba.
Sin embargo, esa situación parece haber cambiado, y el apoyo al derrocamiento, una vez producido, ha aumentado hasta el 37%, casi igualando a la oposición que es del 38%, lo cual refleja que una gran parte de los estadounidenses consideran que la operación ha resultado un éxito.
Por otro lado, un elevado porcentaje de la población estadounidense, un 50%, se muestra a favor de juzgar a Maduro por narcotráfico, y apenas un 14% se opone. Sólo dentro de los demócratas, hay cierta oposición a este extremo. Lo cual no sorprende, por cuanto el sector de izquierda radical del partido liderado por el senador Bernie Sanders y las congresistas Alexandria Ocasio Cortez e Ilhan Omar, tiene cada día mayor influencia y no ha dudado en mostrar su simpatía por la izquierda bolivariana en el pasado. De hecho, una de las voces más críticas al derrocamiento del dictador Maduro ha sido el flamante nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que se autodefine como “socialista y musulmán”, y que juró su cargo con un discurso hablando de comunismo, como denunció el obispo Barron.
Otra cuestión con especial relevancia será si Trump logra parar la oposición a nivel parlamentario. Así, el Senado ha emitido un voto de procedimiento, de cara a una votación final la semana que viene para frenar nuevas acciones militares en Venezuela sin contar con el apoyo del Congreso. Dicha medida ha supuesto un toque de atención para el republicano, por cuanto ha salido adelante con el apoyo de cinco senadores conservadores. A la minoría demócrata de la Cámara Alta, se han unido los influyentes senadores trumpistas Todd Young, de Indiana; Josh Hawley, de Missouri; y especialmente, Rand Paul, de Kentucky, principal adalid del sector libertario de la formación, que critican que se adoptara la operación sin consultar al Congreso. Algo que hizo en el pasado Barack Obama cuando intervino militarmente en Libia sin autorización de la Cámara Baja. No obstante, debe tenerse en cuenta que Libia fue una intervención militar compleja y duradera, frente a una operación de Venezuela, que ha sido una actuación relámpago de captura del ya depuesto dictador. Aún así, se trata de un voto procedimental que tendrá que confirmarse por la propia Cámara Alta, y que también debe ser ratificado por la Cámara de Representantes, donde también gozan de mayoría los republicanos, por lo que nuevamente los demócratas se verán obligados a encontrar algunos republicanos que apoyen la medida, que en todo caso puede ser vetada desde la Casa Blanca.











